la ciudad y los días

Carlos Colón

En memoria del Holocausto

EL pasado sábado se conmemoró el 67 aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau, el mayor y más terrible símbolo del Holocausto o la Shoá. Más de un millón de personas -mujeres, hombres, ancianos y niños- fueron masacradas allí con eficacia moderna. De ellas el noventa por ciento eran judíos. A la larga culpa de los cristianos que durante siglos les persiguieron acusándoles de haber matado a Cristo -pasando por alto que él, la Virgen y todo el apostolado lo eran-, se sumó algo más terrible: el racismo moderno darwinista de base seudo científica; la sistematización racional de la persecución y la eficacia industrial en el exterminio.

Comparado con este moderno racismo ateo la antigua persecución religiosa, pese a haber sido terrible, parece leve. A quienes creen en el progreso lineal habría que recordarles que cuatro siglos y medio antes, por lo tanto en una situación teóricamente menos avanzada en lo que a los derechos humanos se refiere, los Reyes Católicos expulsaron a los judíos de España, lo que fue una monstruosidad que además dañó gravemente a nuestro entonces naciente país; pero no se les ocurrió programar su exterminio sistemático.

El nazismo no absuelve los muchos crímenes que en toda Europa -desde la matanza sevillana de 1391 o la expulsión de 1492 a los pogrom rusos del siglo XIX- se cometieron contra los judíos. Pero dio una nueva medida a la palabra monstruoso, marcó una cota de crueldad nunca antes alcanzada. Y lo hizo, desoladoramente, en el corazón del siglo XX y de la Europa más civilizada y moderna; en la Alemania de la filosofía, la música o la ciencia. Con la colaboración de los fascistas de otras naciones europeas. Por ello supuso la quiebra de los ideales de la Ilustración, la ruptura de la idea lineal de progreso, la puesta en cuestión de los avances tecno-científicos que desde el siglo XVIII parecían ir abriendo una nueva era de progreso.

67 años después vivimos entre los escombros de ese derrumbamiento ético, entre las ruinas de la modernidad y del optimismo ilustrado.

Buscando, sin encontrarlo nunca del todo, lo que allí pereció.

Intentando, sin lograrlo, retomar el discurso de Kant. Preguntando desde la teología cómo puede conciliarse ese inimaginable despliegue del mal con la existencia de Dios.

Tengo para mí que el actual hundimiento de Europa viene de lo que Auschwitz-Birkenau representa como fracaso de un proyecto. Intentando eliminar a los judíos, los nazis y sus aliados fascistas demolían uno de los tres pilares de Europa, el judaísmo del que nació el cristianismo. Los otros dos -Grecia y Roma- se están demoliendo en estas últimas décadas. Un suicidio.

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