Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Seis meses después

LOS motivos que justifican una comparecencia parlamentaria son por lo común mediocres, a veces incluso anecdóticos. Los escándalos tienen sus vías propias de circulación. Sin embargo, ya han pasado seis meses desde que culminara uno de los más singulares engaños colectivos habido en España sin que nadie, absolutamente nadie, se haya interesado, aunque fuera por una simple cuestión de moralidad política, por los pormenores del caso. ¿Por qué? Porque aquel timo colectivo, del que fueron víctimas miles de personas que generosa e ingenuamente invirtieron algún dinero con la ilusión de cooperar con una causa noble y, si me apuran, patriótica, estuvo alentado y encabezado por todos los partidos políticos, especialmente por aquellos con responsabilidades en las instituciones.

Los partidos nos acuciaron con una pasión delirante a que invirtiéramos dinero en llamadas telefónicas para que la Alhambra fuera una de las siete maravillas del mundo en un oscuro y falaz concurso creado por un multimillonario suizo, Bernard Weber, para incrementar su fortuna. Los partidos pusieron en marcha sus poderosos recursos de seducción popular y emplearon espléndidas partidas de dinero público para dar verosimilitud al embauco. La Junta de Andalucía, en concreto, empleó 600.000 euros en una frenética campaña para animar a la gente a votar a favor de la Alhambra a razón de 1.20 euros la llamada. Y Chaves, obnubilado por el fantasioso certamen, que fue reiteradamente desacreditado por la Unesco, trasladó a la Alhambra una reunión del Consejo de Gobierno, algo insólito. En los días finales del concurso , Weber admitió que había registrado unos 30 o 40 millones de votos (¿también millones de euros?) provenientes de todo el mundo. De la recaudación, dijo, tenía el vago propósito de detraer una cantidad imprecisa para restaurar los más deteriorados.

Pues bien, seis meses después de la estrepitosa derrota de Alhambra y del palmario ridículo de todos los cheerleaders y hooligans que animaron el certamen y de la gran fiesta de proclamación en Lisboa no sólo no se sabe nada del dinero recaudado y de las inversiones sino que el tal Weber sigue vendiendo por internet medallas de plata y otros artículos conmemorativos y ¡ha convocado otro concurso, ahora de maravillas de la naturaleza, con Sierra Nevada entre la candidatas!

Estremece el silencio de la Administración. Nadie ha exigido una aclaración sobre la dilapidación del dinero público en beneficio de un richachón suizo, ni por estimular un engaño masivo. Nadie se ha azorado, ni le ha remordido la conciencia ni tiene intención de presentar excusas.

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