PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

La mezquita de Gasol

ERA imprescindible construir una mezquita en Los Bermejales. Tanto que no se hizo. Ahora es imprescindible erigir un macropabellón deportivo en la misma parcela, y gastar 90 millones de euros en su construcción. Tan imprescindible es superar las prestaciones del de San Pablo, que acogió bien una competición de la complejidad de un Mundial de Atletismo en pista cubierta, y que podría acoger sin problema a un grupo del Mundobásket 2014 (igual que lo hizo en el Eurobásket 2007), que el Ayuntamiento lo ha alquilado para un espectáculo de Disney sobre hielo sin aguardar a las fechas del calendario de baloncesto, y al Cajasol de Joan Plaza le ha tocado recibir en el primer partido al Real Madrid pero no puede jugar allí porque el pabellón está reservado a la quinta de Mickey Mouse. Tapón del IMD al club sevillano in your face...

José Luis Sáez, presidente de la Federación Española de Baloncesto, tiene muy claro que la construcción de otra enorme instalación deportiva en Sevilla no puede convertirse en otro hermoso monumento al vacío como el Estadio de la Cartuja, hoy que se cumplen diez años del Mundial de Atletismo para el que se construyó. Y le elogiamos por decir públicamente una obviedad que los políticos eluden o manipulan: no se puede llamar olímpico a un estadio que no es sede de Juegos. Dado el cateterío rampante, son capaces de rebautizarlo como Estadio Mundial de Sevilla...

Sáez ha definido con agudeza la diferencia entre inversión y gasto a la hora de detallar las condiciones que deben aunarse para justificar (o descartar) la construcción de un coliseo multiusos en Los Bermejales. No en función de una semana de baloncesto sino de 50 años de Sevilla. Como Sáez aún no ha presentado su candidatura a la Alcaldía (dada su racha de éxitos tiene más cerca la presidencia de la Federación Internacional), quien ha de convertir en realidad la claridad de ideas y la rectificación de un error mayúsculo no es él sino la misma clase política que lo perpetró. Monteseirín era el presidente de la Diputación que culminó la candidatura de Sevilla 99, y ya era alcalde de la capital cuando tuvo lugar la memorable competición. Por medio estuvo Rojas Marcos, quien no amarró el traslado a la Cartuja de Betis y Sevilla. Uno y otro tienen su cuota parte de responsabilidad en que, una vez más, la ciudad gastara sus mejores energías en embarcarse en lo efímero y se olvidara de lo permanente.

Antes de poner la primera piedra del hipotético Bermejales Arena, tendría que estar resuelto, con más luz y taquígrafos que en Mercasevilla, el concurso de explotación, concedida a las empresas internacionales que acreditaran más solvencia y profesionalidad para rentabilizar las instalaciones y llenarlas de contenido todo el año. Decantarse por lo contrario es incurrir en el error de siempre: construir a lo faraónico y dedicar el futuro a gestionar la ruina.

Recuérdese que, dos años después de inaugurarse el Palacio de los Deportes, el Caja San Fernando decidió jugar los partidos de Liga en el pabellón de Amate, con menos de la mitad de aforo, para que los rivales se sintieran más presionados en un recinto lleno en lugar de moverse por una gran cancha de ambiente frío. Ni Sevilla ni su club de ACB han cambiado en veinte años como para no incurrir en lo mismo. Y entonces el hito arquitectónico de Los Bermejales no sería más que la mezquita de Gasol, un lugar de nostalgia y adoración al jugador que lideró los mejores momentos de nuestra vida entre canastas. La Cartuja, diez años después, ni siquiera acoge un gran premio de atletismo y no se rinde culto a Michael Johnson.

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