NO puedo estar más de acuerdo con lo que escribió anteayer, aquí abajo, mi compañero Ignacio Martínez sobre/contra el bipartidismo. Un sistema bipartidista de representación política, como el que aquí se va imponiendo y también se está fomentando, no sólo supone una reducción del pluralismo. Es que también resulta muy aburrido. Lo que le faltaba a la política española, atravesada de furia y mediocridad, era una fuerte dosis de tedio...

En el caso de Andalucía, la vida política ha albergado siempre, desde la Transición, sendos huecos para un partido nacionalista y un partido de izquierda democrática radical. En el Parlamento autonómico ha habido y hay grupos representativos de estas tendencias. Sin duda, porque reflejan sectores sociales y corrientes de opinión asentados en la sociedad, aunque minoritarias. Esta pluralidad enriquece y matiza la política que se hace en nuestra comunidad.

Así debería seguir siendo, en mi modesta opinión. Las minorías tendrían que ser declaradas de interés público. Especialmente en estos momentos en que todo conspira para que se desintegren y se abra paso un bipartidismo absoluto, simplificador y agobiante. Por conspirar, conspiran hasta las mismas minorías en peligro. Buena parte de las desgracias de IU y PA tienen su origen en la desmovilización social y política, que se ceba más que en nadie en los pequeños, pero también en la actitud suicida de sus propios dirigentes, permanentemente engorilados en luchas internas y ensimismamientos estériles. No dejan pasar ni una oportunidad para machacarse.

Los partidos mayoritarios, por supuesto, trabajan en la misma dirección. Sus relaciones con PA e IU son de un solo tenor: hacer todo lo posible por que desaparezcan y por quedarse con sus votantes. Un ejemplo: la convocatoria de elecciones conjuntas supone un golpe bajo a las posibilidades de las minorías, que apenas pueden levantar cabeza cuando el debate se centra en si es mejor Zapatero que Rajoy (y, en segundo plano, Chaves que Arenas) y que sistemáticamente padecen las consecuencias de la concentración del voto propia de unas elecciones generales. Otro: se considera normal organizar programas de televisión para que los señores Arenas y Chaves se enfrenten cara a cara con una representación del electorado andaluz, pero a nadie se le ocurre que el mismo derecho asistiría a los señores Valderas y Álvarez para hacerse algo más visibles.

No considero una exageración ni una manipulación primar prudentemente a las minorías en un sistema que camina hacia el bipartidismo. Sería bueno para el sistema. Y para Andalucía.

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