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En tránsito

eduardo / jordá

Un misterio en Pensilvania

EN la tienda de licores americana donde compro el vino (aquí, en el centro de Pensilvania), no hay ningún estante dedicado a los vinos españoles. Hay estantes específicos con vinos chilenos, sudafricanos, australianos, alemanes, italianos, franceses o californianos. Pero no hay, repito, ningún estante con vinos españoles.

En esa tienda se venden vinos españoles, sí, pero están mezclados con otros vinos de otros países, y las marcas españolas que tienen aquí no son las mejores. El otro día lo hablé con el encargado, y me dijo que el problema era la falta de distribución. También le pregunté si conocía los excelentes vinos de Málaga o de Cádiz o de la sierra norte de Sevilla. Tenía una vaga idea, pero no había conseguido probarlos.

Y lo mismo pasa en los supermercados americanos con el aceite de oliva español (es decir, andaluz): simplemente no existe. Todo el aceite que se vende aquí es italiano y está envasado con nombres italianos. Y aquí tampoco se venden los productos de cerdo ibérico de la sierra de Huelva, ni los quesos andaluces, ni el vinagre de Jerez.

Es posible que tengamos docenas de organismos públicos dedicados a la promoción exterior del queso y el jamón y el vino, con cientos de comisarios y expertos, pero cuando uno va a un supermercado americano a comprar un producto nuestro, es imposible encontrarlo. Y eso ocurre en una comunidad que tiene un 30% de paro y que es una potencia agrícola y ganadera que debería ser conocida en todo el mundo. Pero repito: en los supermercados americanos del interior del país, donde de verdad se llevan a cabo las ventas, la marca España y la marca Andalucía no existen.

Uno se puede encontrar productos españoles y andaluces en las tiendas sofisticadas de Manhattan, pero no en la América profunda, donde uno sí se puede encontrar, en cambio, vinos chilenos y australianos, y toda clase de embutidos italianos o de quesos franceses. Y ahí no acaban las cosas: ayer estuve en un pub donde me ofrecieron cervezas guatemaltecas y filipinas, pero donde no había ni una sola cerveza española. Ni una.

¿Qué está pasando aquí? ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Dónde están los resultados de todos esos programas de promoción exterior? ¿Y dónde están nuestros empresarios?

Misterio.

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