la ciudad y los días

Carlos Colón

El monolito y los simios

GAFAS oscuras… Taburete alto… Larga calada al cigarrillo… ¿Sabes aquel que diu que la fuerza de la democracia y el civismo no la podrá frenar nadie, ni los tribunales ni las constituciones? ¿Y qué gracia tiene este chiste? Pues su triste gracia es que lo ha contado el presidente democrático de una comunidad autónoma democrática que forma parte de un Estado democrático. La triste gracia es que este buen señor se llama Arturo Mas como podría llamarse Arturo Fernández, porque lo suyo es de sainete, Arturo Valls, porque lo suyo es de comedia televisiva, Arturo de Córdova, porque su patológica obsesión es comparable a la que sentía por los pies el fetichista Francisco Galván de Montemayor de Él de Luis Buñuel, o Arturo Pomar, porque está intentando dar jaque mate al Estado democrático español con sus gansadas nacionalistas.

Es cosa sabida que este sainete, esta comedia, esta obsesión fetichista catalanista y este jaque mate son una peligrosa maniobra que pretende encubrir el fracaso de su gestión apelando al más grosero, estrecho y primario localismo patriotero. Nada nuevo. Ya lo hacía Franco con la conspiración judeo-masónica o con la reivindicación de Gibraltar. Con tanto éxito que todavía en 1969 agitaba el muñeco gibraltareño cerrando la verja y en octubre de 1975, un mes y medio antes de morirse, se dirigía a los manifestantes desde el balcón del Palacio Real denunciando la "conspiración masónico-izquierdista" urdida contra España.

Nadie tiene la culpa de que Ramón se casara con Petronila, de que este año se cumplan seiscientos del compromiso de Caspe, de que Fernando de Aragón se casara con Isabel de Castilla o de que mi tocayo de Habsburgo uniera en su real e imperial persona las coronas de Castilla, Aragón y Navarra. Cosas de la historia con medio milenio a cuestas. Sin embargo, desde el siglo XIX, reinventando el pasado como si se tratara de un dramón de Tamayo y Baus o de una novela de Rafael Pérez y Pérez, se ha idealizado, tergiversado y hasta torturado la historia para hacerle decir lo que los nacionalistas querían que dijera.

Y así estamos en 2012, una década después del año de la odisea del espacio, con Arturo Mas y sus seguidores saltando en torno al tótem nacionalista como los simios ante el monolito de Clarke y Kubrick. Este tipo juega con un fuego que nos puede quemar a todos. ¿Qué hacer con un presidente que se sitúa al margen de la legalidad, desafiando a los tribunales y a la Constitución? Todas las soluciones son malas o entrañan graves riesgos. Y mientras tanto octubre echa 128.242 ciudadanos al paro, alcanzándose la pavorosa cifra de 4.833.521 desempleados.

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