Editorial

El monstruo ante el espejo

EL juicio del caso 18/18 dio comienzo ayer en el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Ante este tribunal, creado por Naciones Unidas para juzgar los crímenes de guerra cometidos en la antigua Yugoslavia, compareció por vez primera Radovan Karadzic, después de estar 12 años escondido en Serbia, precisamente para eludir sus responsabilidades en aquella guerra atroz. El ex líder de los serbios de Bosnia se enfrenta a 11 cargos de genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, y todavía tuvo el cinismo de denunciar ante el TPI supuestas irregularidades en su tardía detención, a la vez que reivindicó un supuesto pacto con Estados Unidos para no ser perseguido si aceptaba retirarse de la vida pública. El acta de acusación fue más contundente: Karadzic, como máxima autoridad en la parte serbia de Bosnia, dirigió todas las operaciones de "limpieza étnica" destinadas a imponer mediante el terror la eliminación física o la expulsión de los ciudadanos bosnios del territorio. A él se deben, entre otras atrocidades, el bombardeo y el asedio inmisericorde de la ciudad de Sarajevo y la tragedia de Srebrenica, donde 8.000 musulmanes bosnios fueron masacrados sin piedad ante la inoperancia del mecanismo de protección auspiciado por la ONU. Las matanzas de aquellos años y los campos de concentración fueron la acción criminal de masas más importante desde la Segunda Guerra Mundial, un horror que Europa parecía haber desterrado de su historia, pero que fue posible en los territorios de la antigua Yugoslavia, en los que se llevó a sus últimas consecuencias una política deliberada de odio y exterminio. El día 29 de agosto Karadzic deberá declararse culpable o inocente, y a partir de entonces comenzará el verdadero juicio al que se ha resistido durante 12 años con la complicidad de algunos poderosos compatriotas en Serbia. Se acabó la fuga: Radovan Karadzic está ya colocado frente al espejo de su propia maldad, Serbia podrá acercarse a la Unión Europea y el mundo podrá ser algo más libre, limpio y moral.

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