hoja de ruta

Ignacio Martínez

Nos movemos a ciegas

AUNQUE no ha pasado un año siquiera desde que el Gobierno entró en funciones ya nos podemos pensar que no habrá en esta legislatura una reforma profunda de la Administración Pública. Sorprende que Rajoy, que tenía cantado el triunfo electoral, no llegara a La Moncloa con más equipaje documental. Diez meses después de sentarse en el sillón presidencial ha encargado a una comisión y a cuatro subcomisiones evaluar cómo está la cosa. Patada a seguir. En junio se supone que estarán las conclusiones de los evaluadores. Entonces se echará encima el verano y después estaremos enfilando el ecuador de la legislatura. Se ignora si se pretende un consenso y si se desea que sea amplio.

Nos falta método. Qué hacer con la Administración, merecería un pleno extraordinario del Congreso, en el que oír las ideas o propuestas de todos los grupos. No se puede seguir cortando de aquí y de allí en los servicios públicos, en las instituciones sin establecer una estrategia, sin disponer de un mapa con el objetivo final marcado. El viernes, al término del Consejo de Ministros, la vicepresidenta hizo apología de este sistema anárquico. Como la Ley de Estabilidad Presupuestaria obliga a las comunidades autónomas a cumplir el déficit, pues eso ya está forzando recortes de plantilla, dijo tan campante. O sea, que de momento vamos a seguir cortando a tontas y a locas.

El necesario consenso del PP con el PSOE tiene dos inconvenientes. El primero es la poca afición de ambos por entenderse y el segundo que no se sabe a ciencia cierta qué posición tienen sobre la reforma de las administraciones públicas. Ninguno de los dos se retrata. Un ejemplo más lo ha dado ayer en Málaga el presidente de la Junta, secretario general del PSOE andaluz y presidente de los socialistas españoles. Resulta que Griñán inauguraba una convención municipal de su partido e imbuido por el ambiente defendió la existencia de las entidades locales autónomas y las diputaciones. Rubalcaba propuso en algún momento de la campaña, hace un año, disolver las diputaciones y ahora Griñán defiende su existencia. Aquí nos movemos a ciegas.

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