La ventana

Luis Carlos Peris

En la muerte de un ídolo del mundo

CON la muerte de Muhammad Ali se rebobina la historia obligadamente. Si se pregunta por los diez mejores deportistas de todos los tiempos, Ali está en esa lista; si se inquiere por el mejor trío de la historia, Ali también figura. Y es que el legendario boxeador fue un suceso en los felices sesenta por su capacidad seductora desde la lona y por su forma de encarar la vida. Se convirtió al islam para apartarse de la senda de quienes aplaudían al Ku Klux Klan y se borró el Cassius Marcellus Clay porque era herencia de sus antepasados esclavos. Era un adonis en el ring y un activista sin dobleces en la calle. Desde la Olimpiada de Roma en el 60 fue ídolo del mundo y cuando un día de diciembre del 82 pasamos juntos la aduana en el aeropuerto de Fráncfort, el alma se me desmoronó viendo cómo el párkinson estaba demoliendo su figura y nublando su mirada. DEP.

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