Hoja de ruta

Ignacio Martínez

La muerte de un presidente

LA muerte del presidente Calvo Sotelo nos hace más viejos a algunos. También, en cierta manera, es como si este régimen constitucional llegara a la mayoría de edad. Es el primer presidente de la democracia que muere y no había protocolos anteriores. El único entierro de Estado que recuerdo fue el del alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván. Tampoco hay costumbre en la democracia española de un trato oficial y deferente hacia los ex primeros ministros. En Estados Unidos se les llama presidentes durante toda su vida. Y se les tiene un respeto que aquí escasea. También es verdad que intervienen poco o nada en política interna. Al menos hasta que hemos visto a Clinton en ese tándem con su mujer que se ha dado en llamar Billary.

Cuando Calvo Sotelo fue nombrado por el Congreso presidente, tenía 54 años. Y nos parecía muy mayor. En este capítulo hay una cierta costumbre: los españoles hemos elegido siempre a cuarentones para primeros ministros. Suárez, Aznar y Zapatero llegaron al poder con los mismos años, 43. Y Felipe González no había cumplido aún los 40. En Andalucía la tendencia ha sido similar: Chaves fue presidente a los 45; Borbolla, a los 37, y Escuredo, con 38. Así que Calvo Sotelo ha sido, con diferencia, el más mayor. Aunque cuando uno ve a Hillary con 60 y McCain con 71 presentándose a la presidencia de los Estados Unidos resulta que don Leopoldo era un chiquillo a sus 54. Recuerdo que era un joven periodista cuando cubrí la información para Abc de la visita del presidente Calvo Sotelo a Sevilla en una Semana Santa. Y era ya un veterano cuando un jurado presidido por él me otorgó el Premio Madariaga en 1997. Era un señor tímido, educado y atento. Ha sido definido, con acierto, como un burgués ilustrado.

Estuvo menos de dos años en el puesto, pero su gestión fue decisiva para abrir la puerta de España hacia Europa. Era ministro para las Relaciones con la Comunidad Económica Europea, del Gobierno de Adolfo Suárez en 1979, cuando España solicitó oficialmente iniciar las negociaciones para su adhesión a la CEE. Y era presidente del Gobierno cuando el 29 de octubre de 1981 España ingresó en la OTAN. Calvo Sotelo pertenece a un grupo de personas imprescindible para el tránsito pacífico de la dictadura a la democracia. Tuvo distintos cargos en los últimos años del Régimen, pero creyó vivamente en la Monarquía constitucional. Es famosa una frase de Franco, que descalificaba a la España forjada por los liberales como "bastarda, afrancesada y europeizante". Pues bien, un hijo de la burguesía liberal española fue uno de los líderes de la integración de la España moderna en Europa, su territorio natural. Descanse en paz.

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