Crónica Levantisca

juan Manuel / marqués Perales

El muerto evoluciona bien

MIREN, parece que el muerto está evolucionado bien, ha pasado una buena noche, la fiebre ha remitido y ya no sufre los temblores ni ese sudor frío, lo que nos indica que la infección va a menos; en unos días, saldrá de la UCI, y bien maquillado, y ahora hacen maravillas, se podrá ir a su casa. Le daremos el alta, perdón, la baja, definitiva.

Sí, un país con 6,2 millones de parados es un sentenciado a muerte. La receta económica de Bruselas, apoyada por el Gobierno, está dando unos resultados magníficos; parece que el déficit estructural -eso que nadie saber definir con precisión- está disminuyendo, aunque el otro, el real, esté en el 10%, pero gracias a ello se ha saneado la banca, y aunque no fluya el crédito, ya lo hará. La previsión de contracción económica es la triple de la que Montoro definió no como objetivo, sino como realidad: es decir, que en vez de quedarnos en el menos 0,5%, vamos al menos 1,5%, pero en 2014 creceremos. Vale, además Juan Ignacio Zoido, el presidente del PP andaluz, nos ha contado que el 36,8% de desempleo en Andalucía es culpa de los 30 años de socialismo, así que cuando el PP gobierne aquí en el sur, sobrará trabajo. Como le pasa a España, que desde que llegó Rajoy todo ha ido a mejor, un 27% de desempleo. Magnífico. Es verdad lo que dice Juan Ignacio, que vaya años nos han dado los socialistas con lo de la Andalucía imparable y con el optimismo patológico de Zapatero, que auguró que España cogería, económicamente, a Francia y Alemania en unos años.

Con independencia de la infección, la receta médica ha mutado en una bonita esquela en un periódico. Un país con seis millones de desempleados ha muerto. El Gobierno no podrá pagar ni las prestaciones ni las ayudas; las contribuciones a la Seguridad Social se desplomarán, como la pirámide de población, que ya tiene forma de un gran cabezón de anchas caderas con las piernas como hilitos de cobre; la juventud más preparada de la historia española se marchará para no volver, y la fractura social se abrirá al no contar con más dinero para aliviar ese dolor.

Incluso en las dictaduras -y le pasó a Franco-, hay una suerte de contrato social. Si no, no se muere en la cama. Vale, aquí no hay libertad, somos pobres, pero trabajamos y vemos un futuro mejor. Así íbamos desde los años sesenta, pero ahora vamos para atrás y a un ritmo desenfrenado. Aunque la fiebre siempre termina remitiendo.

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