la ciudad y los días

Carlos Colón

De muñidores y ataúdes

LA noticia de la imputación del primer teniente de alcalde de Sevilla el mismo día en que se conocía el nuevo escándalo de las ayudas a la contratación financiadas con fondos europeos, se multiplicaban las informaciones sobre los negocios del entorno familiar del ex presidente andaluz y, tras negarse reiteradamente a hacerlo, se entregaban las actas de los Consejos de Gobierno de la Junta a la jueza que investiga el fraude de los ERE, escenificó el espectacular derrumbamiento de la izquierda andaluza y sevillana, carcomida por una mezcla de escándalos, fracasos, arrogancia, ineficacia y soberbia tras tres décadas de legítimo pero también dañino ejercicio de un poder que acabó por ignorar la autocrítica y los mecanismos de autocorrección.

Presunción de inocencia aparte, el caso del teniente de alcalde de Sevilla es demoledor. Según el auto, del resultado de las pruebas practicadas "se deduce la responsabilidad y activa participación de Antonio Rodrigo Torrijos, vicepresidente y miembro de la comisión ejecutiva de Mercasevilla, en los asuntos de la referida Unidad Alimentaria e indiciariamente y de modo especial en el proceso de adjudicación de la totalidad de los terrenos de la misma a Sanma".

Ello no le ha inmutado. El mismo día en que su formación manifestaba que dimitirían de forma cautelar todos los dirigentes de IU imputados o inmersos en procesos judiciales, el señor Torrijos afirmaba: "No voy a dimitir porque estoy convencido de que no he actuado irregularmente… Comparto en toda su extensión el manifiesto, pero mi caso personal no entra en ninguno de los supuestos de dicho manifiesto". Y esto lo decide él, claro.

Por su parte Chaves ha decidido que todo es cosa de los "muñidores mediáticos" y de "un muñidor político, que es el señor Arenas, el jefe del departamento de basuras del PP". Desafortunadas comparaciones porque, si bien la primera acepción de muñidor es "persona que concierta un asunto con engaño", la segunda es "criado que en las cofradías se encarga de avisar a los cofrades para que asistan a las ceremonias religiosas"; lo que dicho en sevillano suena a la campanilla fúnebre del muñidor de la Mortaja, a anuncio de duelos y sepelios. Y lo de la jefatura del departamento de basuras del PP no hace sino aludir a una función esencial para la salubridad pública.

Mejores ejemplos debía haber buscado. Insistiendo en esta estética fúnebre, la entrega de las actas de la Junta se escenificó con tanta torpeza que el armario rectangular transportado por los operarios parecía un ataúd. Es como si se hubieran empeñado en representar su propio funeral.

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