La ciudad y los días

Carlos Colón

El necesario regreso a la política

NO hay ni un gramo de sustancia ideológica o de revuelta contra alguna opresión en los incidentes de Atenas que, como era de esperar, ya han tenido reflejo en París, Berlín, Londres, Roma, La Haya, Copenhague, Madrid o Barcelona. Más bien se trata de una versión de Santos Mirasierra travestida de anarquismo. En Madrid intentaron asaltar una comisaría de policía causando destrozos e hiriendo a tres agentes y después se dedicaron a quemar contenedores, destrozar cajeros automáticos y atacar sucursales bancarias. En Barcelona destrozaron mobiliario urbano, atacaron sedes bancarias e hirieron a dos agentes.

Que según el informe Juventud en España 2008 sólo un 18% de los jóvenes se declare interesado por la política, un 5% menos que en 2004, puede ser una de las claves de estos altercados. Renunciar a la vía política o desinteresarse de ella supone, en el caso de los grupos más insatisfechos y reivindicativos, pasar a lo que desde la marginalidad radical se llama "acción directa". Y ésta es siempre -sea de extrema derecha o extrema izquierda- de naturaleza antidemocrática. Eso sí, bajo la coartada de que los Estados occidentales son sólo "democracias formales", es decir, sólo aparentes, gobernadas por poderes fácticos que manipulan a los políticos, corruptas, formalmente constitucionales pero vulneradoras de los principios en la práctica. Representa esta mentalidad, en su forma más elaborada, lo que se puede leer en la página web Socialismo del siglo XXI: "En la realidad, los parlamentarios y senadores no representan a aquellos que les dieron el mandato, sino los sustituyen. Elegidos para servir al pueblo, sólo sirven a dos amos: a las elites y a sus propios intereses. (…) En la democracia realmente existente rige, dentro del parlamento, la partidocracia y la corrupción, y fuera, la fabricación del consenso por los oligopolios transnacionales de la adoctrinación masiva". Argumentos muy parecidos fueron usados por los fascistas y los comunistas en los años treinta contra lo que llamaban "democracias burguesas".

Mientras tanto en Bélgica son detenidos catorce presuntos miembros de Al Qaeda que planeaban un ataque terrorista en coincidencia con la reunión de jefes de Estado y de Gobierno de la UE. Apena que estos jóvenes que se dicen anarquistas antiglobalización o antisistema no se manifiesten contra el terrorismo nacional o internacional con la misma virulencia que despliegan contra los gobiernos democráticos a los que acusan de terrorismo de Estado. Y alarma que, aunque desde posiciones distintas, coincidan con Al Qaeda en su aversión hacia las democracias occidentales.

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