la ciudad y los días

Carlos Colón

El que no necesita salir al encuentro

MIL quinientos sesenta y tres años antes que Juan de Mesa lo esculpiera, el año 57 de la era cristiana, escribió San Pablo en la Segunda Carta a los Corintios estas palabras que le fueron reveladas por el Señor: "Mi fuerza se muestra fuerte en la debilidad". 382 años después que Juan de Mesa lo esculpiera, en 2002, escribió el teólogo Jürgen Moltmann: "Dios no se hizo hombre según la medida de nuestras ideas de la humanidad. Se hizo hombre como nosotros no queremos serlo: un rechazado, maldito, crucificado. Ecce homo! ¡Mirad al hombre! Esto implica una profesión de fe que reconoce la humanidad de Dios en el Cristo deshumanizado de la cruz. Ése es Dios y así es Dios. Dios no es más grande que en este abajamiento. Dios no es más glorioso que en esta entrega. Dios no es más poderoso que en esta impotencia. Dios no es más divino que en esta humanidad".

El pueblo dijo en sevillano lo mismo que el apóstol judío y el teólogo alemán a través de una saeta antigua que transcribió Antonio Núñez Herrera: "Jesús mío del Gran Poder, divina y buena persona". Ese mismo pueblo levantará desde hoy el esterón para pasar de la luz plena de la plaza de San Lorenzo a la matizada luz de la Basílica y encontrarse con Él que no necesita salir al encuentro. Si el Gran Poder no va a Sevilla, Sevilla va al Gran Poder. Eran las dos y las tres de una Madrugada sin cofradías y la cola rodeaba la plaza bajo una lluvia inmisericorde. Sólo para verlo. Sólo para ser vistos por Él. Que cuando se mira al Gran Poder es imposible no sentirse contemplados por la ternura de Dios.

Entre la Semana Santa y la feria escribo esto, sí. Pero es que en San Lorenzo la Semana Santa, siendo tan importantes el besamanos del Señor y su salida en la Madrugada, son sólo la copa frondosa, cargada de frutos espirituales y sensibles, de un árbol de poderoso tronco crecido viernes a viernes y hondas raíces devocionales hundidas en el corazón de miles de sevillanos.

Por lo que de Dios hecho hombre se dice en él a través medios sensibles, el Gran Poder es la cumbre del arte cristiano devocional, sólo comparable a la Pasión según San Mateo de Bach. Cumbre encumbrada en el paso Templo de Salomón y paso Partenón -templo portátil a la vez que canon del paso sevillano- que le tallara Francisco Antonio Gijón en 1692. Anoche esta obra maestra, que figura entre las más importantes del barroco sevillano, partió hacia el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico para su restauración. Y el Señor quedó en su camarín en perpetuo besapié, sobre su anual paso de mármol, en la Basílica en la que todo el año late el corazón de Sevilla.

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