La ciudad y los días

Carlos Colón

La niña de los luceros

Quitando los éxitos de las grandes estrellas nacionales -últimos hits: el discurso siberiano de Magdalena Álvarez y el de Zapatero sobre el incidente del desesperado que se lió a cachiporrazos con la taberna filo etarra- creíamos que, en lo que se refiere al cante que dan los socialistas en esta hora gris para el partido centenario, nada podría igualar el discurso del alcalde sobre la astronomía, la astrología y los astronautas. Pues resulta que su portavoz casi le arrebata el éxito con el lanzamiento de su single de las declaraciones sobre las subvenciones municipales a instituciones vinculadas a la Iglesia: "Si con Cedespaz se argumenta que ediles y altos cargos son socios o miembros de la entidad para subrayar la irregularidad de la subvención, aquí pasaría lo mismo, ya que todos los que estén bautizados y tengan partida bautismal pertenecen a la Iglesia y a sus entidades en calidad de socio, lo que podría ser entendido como prueba para inhabilitar las subvenciones a la Iglesia católica". Sólo los gritos de "¡torero, torero!" con que sus correligionarios vitorearon a Bermejo, antes de que le cornera el toro de sus errores, le harían justicia.

"¡Torera, torera!" debería gritarle su extraña familia política a Maribel, como si fuera Antoñita Lucero, Conchita Cintrón u otra fémina que se haya dedicado al arte del estoque o el rejón. Así se impone la razón. Fuera las subvenciones para restaurar obras de arte, socorrer inmigrantes, mantener comedores sociales o ayudar a esas organizaciones llamadas hermandades que, como es sabido, son las culpables del retraso histórico de Sevilla que la Torre Pelli va a solucionar; y que además no traen un duro a la ciudad, como bien saben todos los operadores turísticos y comerciantes, ni crean tejido social. Basta ya de que esos socios de la Iglesia Católica -que mentes menos claras que la de Maribel llamaban bautizados o cristianos- se infiltren en las instituciones para urdir subvenciones que no benefician a nadie, no ayudan a los más desfavorecidos y no generan riqueza patrimonial, económica o social.

Es más: tras la intervención de Maribel debería estudiarse seriamente si para presentarse a las elecciones no debía exigirse el certificado de apostasía, impidiendo que los socios de la Iglesia se infiltren en las instituciones públicas y se pongan a repartir subvenciones a los suyos. La conspiración católico-capillita, peor que la judeo-masónica que le quitaba el sueño al Caudillo, ha sido descubierta por la Niña de los Luceros de la política sevillana. Ella sí que es el Lucero de Europa, y no su Carmona natal. ¡Torera!

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