La ventana

Luis Carlos Peris

Ante la noche de todas las noches

LLEGA la noche de todas las noches, con su carga de nostalgia, con la consumista obligación de comer más que nunca, con la inquietud por un futuro a cortísimo plazo ciertamente incierto, con la melancolía que nace del convencimiento de que los mejores días de nuestra vida ya pasaron, con la añoranza de cosas y, sobre todo, de personas que se fueron para no volver, con el convencimiento de que la caña se nos irá bajando según se marcan las horas en el reloj inexorable de la vida en general y de la Nochebuena en particular. Es la noche de todas las noches, una noche que resiste incluso los embates de la ola de laicismo que, para bien o para mal, nos invade. Noche en que lo peor es cuando por la sesera se va pasando lista y se comprueba que las bajas aumentaron de forma considerable. Mientras, los peces en el río beben y beben y vuelven a beber, es la noche de las noches, la Nochebuena, y mañana será Navidad.

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