la tribuna económica

Gumersindo / Ruiz

Sin novedad en el frente

RESULTA extraña la normalidad con que se desenvuelven los asuntos cotidianos en medio de los conflictos armados, cómo la vida continúa y la gente es capaz de encontrar en la rutina de sus ocupaciones el contrapunto a una situación desquiciada. En el campo de batalla de la economía, si nos hubieran dicho hace un año que, además del problema de la construcción y el paro, íbamos a pasar por el cuestionamiento recurrente de la deuda pública de algunos países del área del euro, una reconversión forzada de casi la mitad del sistema financiero español, una amenaza nuclear, un país de la importancia de Japón devastado, una guerra en el norte de África y movimientos de insurgencia en varios países, seguramente nuestras previsiones sobre la deuda pública y privada, las bolsas, el euro habrían sido muy negativas.

Sin embargo, los mercados muestran una sorprendente tranquilidad y bonanza. Los tipos de deuda pública en Alemania van subiendo poco a poco estabilizándose en tasas que siguen siendo muy bajas. Igual ocurre en Estados Unidos, con subidas suaves pese a la enorme carga de su deuda. El tipo de interés que se exige por la deuda española está entre el 3% a tres años y poco más del 5% en el plazo de diez años, y aunque el Euríbor se haya puesto en el 2% es aún un tipo de referencia muy bajo. En cuanto a la deuda privada, los diferenciales con la soberana se mueven sólo entre un 0,15% y un 1,80% según el riesgo de la empresa. Únicamente Grecia y Portugal, y en menor medida Irlanda, dan la nota discordante; y, pese a todo, el euro está fortísimo frente al dólar y otras divisas. Las bolsas, por su parte, suben en las dos últimas semanas en España, y suman ya un 9% en el año, y el índice de pequeñas empresas un 16%. La excepción son paradójicamente los países emergentes, que están en pérdidas tras las subidas que han parecido exageradas a los inversores. Japón, por su parte, reduce su pérdida al 5%, tras recuperar algo de la caída del 16% que siguió al terremoto. Las materias primas siguen al alza, sobre todo los metales básicos, y en lo que va de año los alimentos crecen un 6% y los cereales un 7%; hasta el petróleo parece estabilizarse tras las incertidumbres sobre el suministro provocadas por la guerra.

Todo esto muestra una normalidad que contrasta con la persistencia de los desequilibrios comerciales entre países, el déficit público, el desempleo, la debilidad de la recuperación en economías importantes y, sobre todo, el desastre medioambiental. En la realidad más cercana a nosotros no son los acontecimientos políticos, ni las elecciones, las reformas laborales, ni las convulsiones del sistema financiero, lo más llamativo, sino la continuidad pese a todo de la actividad de las empresas, el turismo que continúa llegando, la recuperación de las exportaciones y la incipiente industria, o el progreso de la tecnología biológica y energética. Pero la construcción, con su secuela de paro y destrucción de actividad, como el protagonista de la novela de Erich María Remarque, y protagonista a su vez en la crisis, languidece y no se recupera, "en un día tan tranquilo y calmado, que el parte se limitó a la frase: sin novedad en el frente".

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