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Juan Ruesga

Una nueva desamortización

EN estos pasados días hemos leído que el Gobierno quiere que las casas del Patio de Banderas que son propiedad del Patrimonio del Estado, tengan usos comerciales, hoteleros, etcétera. Ya se han levantado algunas voces que alertan de que ese maravilloso espacio, en el que por cierto se han encontrado notables restos arqueológicos de la historia de Sevilla, corra el riego de llenarse de veladores, después de Venerables, Doña Elvira y la Alianza. Esperemos que no. La historia y nobleza del lugar así lo exigen.

Pero esta noticia no es más que la aplicación en un lugar central y vital del casco histórico de Sevilla, del intento del Gobierno de vender durante el año que viene un alto número de edificios propiedad del Estado, que actualmente están vacíos. La gran mayoría de estos inmuebles están situados en Madrid y su venta responde a la necesidad de hacer caja para poder afrontar el déficit público. Muchos de estos edificios tienen gran importancia monumental e histórica.

Ahora se llama privatización, en el siglo XIX se llamó desamortización. En diferentes momentos del siglo XIX, por necesidades de sanear las arcas del Estado, se expropiaron y subastaron bienes de la iglesia y de las órdenes religiosas para obtener unos ingresos extras con los que se pretendía amortizar la deuda del Estado. Un segundo objetivo era crear una burguesía y clase media en España, dentro del ideario Liberal del momento. También se sacaron a la venta algunos bienes del Estado como fue la Casa de la Moneda de Sevilla, que pasó a ser un complejo privado de viviendas en manos de propietarios que regresaban con capitales desde Cuba. De ahí el nombre de algunas calles como Habana, Matienzos, San Nicolás, etcétera.

Hace años fue el turno de los cuarteles de Sevilla, que al coincidir con la necesidad de espacio para nuevas administraciones, quedaron en mano del Estado, pero para otros usos. Mencionaré algunos ejemplos, como el Cuartel de Intendencia de la Puerta de la Carne, que pasó a ser sede de la Diputación Provincial; la antigua Capitanía General de la plaza de la Gavidia, desde donde dirigió el levantamiento el general Queipo de Llano, que bajo la vigilancia de la estatua de Daoiz obra de Antonio Susillo, es ahora sede de la Consejería de Justicia de la Junta de Andalucía; el muy antiguo Regimiento de Soria, que tuvo su sede en el antiguo Convento de San Hermegildo del que queda la iglesia del mismo nombre frente a El Corte Inglés, estuvo en el desaparecido cuartel de San Fernando, en cuyos terrenos están ahora las cocheras de Tussam; y otros muchos casos, como la Maestranza de Artillería, la Pirotecnia, etcétera, que ahora son el teatro de ópera y facultades universitarias.

Aún nos quedan casos en peligro o sin solución, como los acuartelamientos de Guadaíra y Pineda y la antigua Fábrica de Artillería de San Bernardo y sus terrenos edificables. Y con un Estado muy debilitado económicamente, que tiene que vender todo lo que pueda en almoneda. Por no mencionar la desamortización cultural en marcha. Pero de eso ya hablaremos otro día.

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