La tribuna

josé Manuel Aguilar Cuenca

El nuevo pobre

VAYA por delante que considero imprescindible la existencia de fuerzas que, respetando las reglas de convivencia que nos hemos impuesto, busquen mejorar las cosas. De igual forma, soy consciente de que no hay nada más peligroso que toser a menos de cien metros de los argumentos que defienden los que se consideran en posesión de la verdad. En el discurso de los grupos políticos la carrera por poseer las palabras con las que desean ser identificados es una tarea principal. Así el PSOE ha intentado todo lo posible por ser identificado con la palabra igualdad, misión que cohabita con el mérito de haber consagrado en la práctica diaria en los juzgados y tribunales españoles el derecho penal de autor, aquel que valora la apreciación del hecho a sancionar no en función de éste, sino de quién es el que lo hace.

Por su parte, el PP alardea de ser el merecedor de todos los elogios por la tibia recuperación económica que se está produciendo, queriendo monopolizar todo aquel sustantivo que lo defina, sin importar cuánto de sus políticas vienen impuestas desde Bruselas o qué porcentaje de la recuperación se debe a la mejora de la economía internacional.

En la manipulación del lenguaje y, especialmente, en el inquebrantable deseo de colonizar sustantivos que repetir hasta su vaciamiento, Podemos nos ofrece nuevos ejemplos encaminados a impedir profundizar en su contenido, dejándonos en la estética de su fonología. Tomemos los números para exponer este razonamiento. En el último análisis del CIS esta formación se posiciona como segunda opción más elegida. Si desgranamos los datos nos encontramos que el número de votantes que elegirían esta opción política con estudios superiores está por encima de los que eligen al PP y PSOE y que las franjas de edad que "con total seguridad le votaría siempre" son las de 25 a 34 y 55 y 64 años, que corresponden a aquellos que se están o acaban de incorporarse al mercado laborar y aquellos que están a punto de abandonarlo o, si salieron, difícilmente van a volver a él. Finalmente, de entre sus potenciales votantes el 27,4% se coloca en la extrema izquierda, algo inédito en nuestra historia reciente, disfrutando igualmente del mayor porcentaje de votantes que nunca cambiarían su voto de todos los grupos políticos, es decir, los más radicales.

Con lo anterior, y si aún los dirigentes de PSOE, IU o PP se andan preguntando qué ha ocurrido les planteo el siguiente ejercicio: imagínense a un joven arquitecto o periodista que ve que no va a poder ejercer su profesión o va a ejercerla de forma muy precaria, o piensen en la señora que ha sido despedida de su empresa para ser sustituida por dos chicas muy jóvenes que cobran entre las dos menos que ella y que comprueba en los anuncios de empleos que nadie quiere a alguien de su edad. Ahora díganles todos los días que dejen de soñar, de tener ilusión y que se conformen porque esto es lo que hay. ¿Le suenan a alguno de ustedes estos escenarios? Ahora súmenle los que siempre se han identificado con ideales de izquierda y los desencantados y deseosos de dar un escarmiento a tanto político ruin y puede que comiencen a salir las cuentas.

Podemos quiere monopolizar sustantivos y adjetivos que denotan renovación, cambio e ilusión. Dicen abanderar a los oprimidos y a los indignados; sin embargo, indignados estamos todos y no por eso todos desean votarles. El término que describe mejor la mecha que encendió su éxito actual - frente a opciones de izquierda centenarias que han intentado lo mismo sin su éxito- es el de nuevo pobre, aquel que conoció un mejor tiempo y que ahora está ilusionado porque alguien se lo pudiera devolver; estoy convencido de que pocos de sus votantes quieren una revolución bolivariana -que también los habrá- y de que lo que realmente desean es que les devuelvan lo que les quitaron, entre otras cosas la dignidad y la ilusión. La clase media no rechaza este sistema, se ha levantado cuando ha dejado de responderle. De ahí que el perfil de sus votantes sea tan variopinto y el más radical del escenario político.

Por más que insista el PSOE la Constitución no consagra la igualdad, ampara las diferencias, el que yo opine diferente de usted y que ambas posturas sean respetables dentro de unas reglas de convivencia, es decir, nuestro marco jurídico superior coloca a la equidad en el centro y equidad e igualdad no es lo mismo. El que se hayan confundido ambos conceptos ha permitido que muchos políticos defrauden a su electorado, pero no ha cambiado la realidad. La realidad se cambia con actos, no secuestrando palabras, y el primer paso es dar explicaciones sobre cómo se va a hacer lo que se promete, abandonando el mundo de lo desiderativo y potencial. El primer líder político que lo haga, tras darme un breve período de tiempo para que me recupere de la sorpresa, tendrá mi voto.

Aun así reitero mi simpatía por todo aquel que, individualmente o en grupo, plante cara a la injusticia, la resignación o el abuso. La misma que pido se tenga con mi exigencia de que no se me trate como a un niño pequeño.

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