Plaza nueva

Luis Carlos Peris

Un oasis para lo laico

CORREN tiempos poco recomendables para la lírica, hay hasta expertos del ramo que ponen en cuarentena el futuro de nuestra Semana Santa, pero la verdad es que cada vez hay una mayor competencia informativa en los periódicos, en las radios y en ese puñado de televisiones que entienden de las pompas y de las obras más cercanas. Cada año ocupan más espacios impresos y hablados, cada Cuaresma salen más publicaciones y proliferan los boletines en las hermandades para que cualquier nimiedad adquiera carácter de noticia en este universo que es la Semana Santa. Y, claro, choca esta proliferación de espacios semanasanteros, este chaparrón de noticias que traen olor a incienso y aromas de priostía, con la sensación de inestabilidad que algunos, bastantes, iniciados auguran o, simplemente, temen.

Le echas el ojo a los periódicos y cada día vienen llenos de información de Semana Santa. Son ya como periódicos dentro del periódico, con sus artículos de opinión, su día a día y, sobre todo, sus chismes. Es el apartado del cotilleo el que más tirón tiene entre el numeroso público que se bebe cuanto de Semana Santa sale en negro sobre blanco. Archisabida cuestión es que al españolito de a pie le ponen los entresijos del prójimo y mientras más próximo esté ese prójimo mejor que mejor. Arrancó la Cuaresma el pasado miércoles, el pulso entre los especialistas de la cosa es encarnizado y la batalla editorial por ir aumentando los espacios no se corresponde con esos augurios tan negros a los que más arriba nos referimos. Ves los espacios informativos y nada puede hacerte pensar que la Semana Santa de esta ciudad corra peligro de supervivencia alguno, todo lo contrario, muestra una salud a prueba de madrugonas, canis y demás elementos o movimientos transgresores que imaginarnos podamos.

Ni siquiera cuando el nacional catolicismo estaba en su apogeo tuvo tanto predicamento la información de Semana Santa. Jamás la extensión e intensidad de cuanto se publica hoy, en este tiempo de laicismo y gresca entre el poder civil y el eclesiástico. Las fotos que hemos visto de aquella incursión de la Estrella a la Sevilla republicana mostraban de forma palmaria que nunca arrastró tanto público La Valiente como aquella vez en que únicamente hizo estación la populosa cofradía trianera. Ahora, mientras el Gobierno colisiona sin ningún freno con los obispos, la clientela de la Semana Santa crece en progresión geométrica según se desprende del espacio informativo que reclama. Tiempos apasionantes éstos que vivimos y en los que la división de opiniones influye de forma considerable en la repercusión de una celebración que puede considerarse un oasis gratificante dentro de la ola de laicismo que nos invade.

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