la esquina

José Aguilar

El obispo mileurista

EL obispo de Solsona, Xavier Novell, no cumplía el apotegma anticlerical que pretende simbolizar la abundancia y el lujo en una frase redonda: vivir como un obispo. Era difícil hacerlo con su salario de 1.200 euros mensuales. Ahora lo cumple aún menos, porque se ha rebajado el sueldo un 25%. Novecientos euros al mes. Un obispo que por voluntad propia no llega a mileurista.

Aparte de destinar a Cáritas el 10% del presupuesto general de la diócesis como aportación extraordinaria, monseñor Novell -al que acompaña el apellido, ya que es el obispo más joven de España- ha tenido el gesto insólito de renunciar a la cuarta parte de sus ingresos sin que la Conferencia Episcopal haya presentado ningún ERE ni reconversión salarial y, menos aún, sin que el Estado haya extendido su política de recortes a las subvenciones a la Iglesia católica.

Lo ha hecho para dar ejemplo, claro está, un hábito cada vez más raro entre los personajes públicos llamados a hacerlo, incluidos los colegas de Novell que hicieron voto de pobreza (no veo yo que Rouco Valera haya renunciado al Audi 8 negro que un tórrido verano de éstos el chófer le mantenía a tope de aire acondicionado mientras el prelado saludaba a los niños peregrinos en Santo Toribio de Liébana). Y ha añadido a su detalle una especie de homilía que se distribuirá este fin de semana en las parroquias bajo su jurisdicción y que constituye toda una teoría sobre la crisis económica.

Sostiene el obispo de Solsona, en línea con muchos expertos, que el origen de la crisis se sitúa en Estados Unidos, donde se concedieron préstamos a personas "sin oficio ni beneficio" y que el tsunami subsiguiente llegó a una Europa en la que los países gastaban más de lo que tenían hasta presentar una deuda "descontrolada". Y sostiene que las culpas de lo que nos pasa se reparten entre los banqueros y los mercados, el sistema capitalista y la voluntad decidida de vivir "por encima de nuestras posibilidades". En la base de todo está la idea de felicidad que se ha impuesto: "Es feliz quien consume, compra las últimas novedades tecnológicas, viaja, tiene casa propia, un vehículo de alta gama, un armario variado y dinero para una operación estética".

A algunos les puede parecer el diagnóstico de monseñor un puro ejercicio de demagogia. En todo caso, se trataría de una demagogia bien anclada en la realidad -lo que la legitima- y que se engrandece porque no se queda en palabras, sino que sigue a un acto tan poco común como rebajarse el sueldo. En fin, un caso singular en el que la prédica va de la mano de la donación de trigo. El novel obispo Novell no vive como un obispo, sino más bien como un joven licenciado que no llega a mileurista.

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