Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El objetivo, seguir siendo el Sevilla

NO va más. Encara el Sevilla su semana más importante. Se trata de una semana que debería hacer de salvoconducto para no agotar el cupo de semanas importantes del curso. Frescas todavía las dolorosas heridas del pasado domingo en Anoeta, el Sevilla, ya con casi toda la tropa a punto, emboca esta misma tarde ese carrusel de fechas tan trascendentes para el hoy y el mañana, sobre todo para que siga peleando por algo.

Pero lo primero es lo primero, que ya habrá tiempo de meterse en el duro toro del domingo ante la dificultosa manada que adiestra Simeone. Lo de esta atardecida en la Alemania más profunda es como una final sin ser una final. Una final es cuando ya no hay nada detrás y tras Moenchengladbach puede haber una Arcadia feliz para el Sevilla. El gol de Iborra en el turno de ida abrió el cofre de las esperanzas después de un partido en el que todo pudo ser mucho peor.

Indudablemente y tras haber comprobado la potencia de un rival que sólo se estrelló en la figura, aquella noche sobresaliente, de Sergio Rico hay que convenir en la dificultad que presenta la aventura de hoy. El Moenchengladbach, Gladbach para los amigos, aún no siendo el grande que fue en los setenta, es un bloque alemán; es decir, un equipo diseñado desde el más real sentido compacto de la vida y dicen que, además, se muestra especialmente fiero en su rodeo.

Hacer gol en fútbol suele ser vital y hoy lo será mucho más. Todos los expertos en cuestiones del Gladbach coinciden en que librar el juego cerca de la portería propia sería mortal para la gente de Unai, por lo que, tras haber dejado intacta la portería en el turno casero, se antoja clave sacarle fruto al valor que tiene el gol como visitante. Es lo de esta tarde, noche cerrada en la cuenca del Rin, la primera bala de una semana crucial a fin de que el Sevilla siga siendo el Sevilla.

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