la noria

Carlos Mármol

La obra, antes que la torre

EXISTEN dos posibilidades. O todo es un ceremonial con el fin de mostrar una posición de fuerza para una negociación posterior (fenicia, obviamente) o el futuro de la Torre Pelli puede terminar dirimiéndose ante los tribunales de Justicia, donde últimamente -al menos en Sevilla- las cuestiones urbanísticas, con sus derivaciones no siempre edificantes, copan las salas de lo contencioso.

La entidad que promueve el rascacielos del sur de la Cartuja [Cajasol] insinuó ayer, después de 24 largas horas de silencio, que no va a atender la petición municipal de negociar una rebaja de las dimensiones de su edificio. Lo que significa negar por la vía de los hechos una mayor -la evidente afección de la torre sobre la Sevilla histórica- que cada vez es más evidente. La entidad financiera defiende sus intereses. Zoido sugirió ayer por boca de su edil de Urbanismo que está dispuesto a defender los de Sevilla. El duelo, si llega, será en el Prado. Edificio de los juzgados. Y el heroísmo de ambas partes nos va a salir bastante caro.

Cajasol mantiene una calculada ambigüedad: sin negarse a colaborar invierte el objeto de la alianza institucional al plantear una réplica de la famosa embajada medieval a Tamorlán para reiterar ante la Unesco las bondades de la torre. El método es llamativo: restar valor a la opinión de sus expertos. En realidad, una forma hábil de ganar tiempo -al menos hasta junio- mientras la obra continúa, que es de lo que se trata. Y que, probablemente, al final va a terminar siendo hasta casi más importante que el proyecto de Pelli.

Con independencia del resultado del pulso, y si nadie reconduce la situación, lo que se atisba en el horizonte, junto al rascacielos, es que la ciudad va a salir perdiendo de todas formas ante la incapacidad de ambas partes para acordar una salida. El Consistorio no tiene fácil dar con un argumento sólido para tumbar la torre: la licencia es legal y su idea de que la Junta y el Estado compartan la indemnización no se sostiene. Lo que sí tiene son unas elecciones (autonómicas) en puertas y a un alcalde que repite como candidato y que, quizás, quiera volver a jugar a salvar a la Sevilla Eterna. Esperaremos las noticias de Samarcanda.

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