Coge el dinero y corre

fede / durán

el olor del dólar salvaje

UNA alternativa razonable al ordeno y mando podría ser el ensayo y después decido. En política económica la lista de beneficiarios es tendencialmente infinita. Antes de imponer a los funcionarios más horas de trabajo, Cristóbal Montoro, el ministro del ramo, ordenador penúltimo tras Mariano Rajoy en las cosas de la tijera y el tributo, podría dividir en dos grupos al estamento. Unos echarían las horas de siempre; otros las antiguas más las nuevas, y al cabo de seis meses o un año, Montoro, Rajoy y sus avezados esbirros de campo estarían en condiciones de saber si la medida, además de impopular, es efectiva.

Aprovechando la multinacionalidad española, Bruselas y Madrid deberían dejar a las CCAA plena libertad para aplicar recetas impositivas diferenciadas. Es lo que hacen los länder alemanes y al final siempre gana Berlín, porque la Merkel observa desde su butacón con vistas a algún canalillo del Spree quién acierta y quién no, reservándose la potestad de copiar al listo e ignorar al torpe. Aquí el foco cegaría a José Ignacio Wert y su 21% de IVA indiscriminado. Deje usted que una región necesitada de recursos como Cataluña lo aplique, analice con los datos en la mano el impacto registrado en las industrias culturales y disponga después lo que corresponda sin convertirse, por impaciente y abrupto, en el enemigo público número uno de buena parte del país.

Fíjense en los denostados (por mangoneados) fondos de formación. Si la Administración diversificase estrategias, profesionales y objetivos, tal vez los resultados difiriesen también. O en la prestación por desempleo, ya recortada y posiblemente aún recortable: presionen a un colectivo determinado a guisa de test y resuelvan si ganar menos incentiva más la búsqueda de trabajo y la movilidad geográfica.

Los ensayos serían perfectamente aplicables incluso a banqueros, inversores y brokers. Qué diablos, confrontemos el capitalismo desregulado con la regulación del capitalismo, dejemos que unos sientan en el aire el olor del dólar salvaje y otros rindan cuentas a autoridades aceptablemente independientes y cumplan normas aceptablemente ponderadas. Un momento. Perdón. Los ensayos de hecho ya fueron aplicables a banqueros, inversores y brokers: las consecuencias hicieron colapsar el corazón de la economía planetaria en 2007, comenzando el seísmo en EEUU, el Imperio Desregulado, y contagiándose después a la cándida, regulada y dependiente Europa, donde derechas e izquierdas apenas esbozaban -llegado el caso- timidísimas críticas de pitiminí. Cayeron milagritos -Islandia, Irlanda- y milagrazos -España-. En este último caso, el propio organismo supervisor (el BE que gestionaba MAFO) presumía de su precioso yugo posibilista, del collar de acero con que controlaba a la bestia. Era mentira. La bestia olió la sangre de la especulación y el negocio fácil y se lanzó de colmillos a ella. Con o sin normas de por medio. ¿Volverá a hacerlo? No les quepa la menor duda. Dicho esto, digamos más: para todo lo demás, ensayo, error y decisiones fundadas.

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