La precampaña Los socialistas reprochan a los populares su nula colaboración contra los terroristas

Fede Durán / Fduran@grupojoly.com

El ominoso club del carca

ZAPATERO se enfada con razón cuando desde fuera le niegan el voto. Es una interferencia extraterrestre en la política, disciplina telúrica sometida a la débil naturaleza humana. Suena coherente renegar del leguleyo. Lo malo es cuando ante una situación similar uno actúa justo al contrario. A principios de 2007, la Junta Islámica pidió a sus fieles que respaldasen al PSOE y maldijeran al PP. El presidente agradeció el gesto. Ahora no. Ahora señala con el dedo y enseña los dientes. Y eso que la Iglesia no le ha dicho a nadie que se case con Rajoy.

Luego están los artistas. El clan cool por excelencia. Llega la campaña y asoman la cabecilla. Claro, ven la tele, se enchufan a internet, comprueban el compromiso que asumen sus colegas estadounidenses y aplican el culo veo culo quiero. Pero España, por supuesto, es mucho más plana, previsible hasta la muerte. El gremio está con Zapatero. ¿Con quién si no? Vale, impresiona repasar la nómina de padrinos de Obama o -en menor medida- Clinton, pero también hay tipos como Stallone que le dan la palmadita a McCain e incondicionales del ya retirado Giuliani tan conspicuos como Robert Duvall.

Aquí no. Aquí confesar simpatías hacia Rajoy significa automáticamente ingresar en el ominoso club del carca. El hombre no es la alegría de la huerta ni tiene una esposa corista ni propugna alianzas de civilizaciones, pero algo bueno tendrá. Es como asumir que todos los médicos o todos los abogados o todos los futbolistas piensan lo mismo. Igual sí, igual los músicos y actores beben de otras aguas y se hacen de otras pastas. Secretos más oscuros esconde la vida.

De todas formas, si los de aquí quieren copiar del todo y bien a los del otro lado del charco, deberían rascarse el bolsillo. En EEUU no basta con hacerse la foto con el candidato favorito y volver a la mansión. Las donaciones juegan un papel esencial en las contiendas y ellos pagan religiosamente. Que se mueva la pasta. Que se note el compromiso.

Es curioso que el arrebato que despiertan entre los creadores las siglas socialistas cuando la diana es la guerra de Iraq o los obispos se esfume ante asuntos igualmente complejos: ahí están las mentiras sobre la negociación con ETA, el brote de humanidad cuando De Juana dejó de comer, el ridículo del AVE o las concesiones al nacionalismo vía estatutos. La credibilidad del que protesta se alimenta de su ecuanimidad, no de sus complejos.

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