Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Contra el optimismo

HAY razones para esperar algunas consecuencias positivas de la recesión? Según el editor y economista Moisés Naïm, al menos hay cinco, y el domingo las enumeraba en un artículo (Cinco razones para el optimismo) publicado en el diario El País. No es la primera vez que oigo en los últimos meses algún comentario sobre los efectos beneficiosos de la tempestad, casi siempre planteado ingenuamente por algún alto funcionario dependiente de un Gobierno en apuros o por sosegados profesores de Universidad que reflexionan a contracorriente desde el sólido cobijo que da un puesto de trabajo fijo, más un horario cómodo y un puñado de discretas sinecuras. No es éste el caso de Naïm, que busca en la herida abierta de la crisis la posibilidad de alcanzar la desinfección.

Es verdad: siempre se puede hallar en el ojo del huracán y en la devastación que provoca algún motivo purificador. No hay calamidades absolutas y por más duros y destructivos que sean los golpes (los de la economía y los del destino) siempre habrá un par de ellos que contengan algún efecto terapéutico. Entre las cinco razones que daba Naïm para ser optimista, además de una de carácter simbólico sobre las ventajas de padecer un infarto para conciliarse con las excelencias de la sobriedad, figuran dos que me llaman la atención: la renovación política y la aparición de nuevos líderes. Dicen Naïm que si 2008 fue el año del crac económico éste de 2009 será el del crac político y que unos gobiernos caerán y otro se debilitarán, lo que supondrá, por añadidura, una renovación no sólo de los líderes, sino también de los métodos, y aquí citaba a Obama.

Sobre el papel la previsión de Naïm resulta atractiva, quizá porque está inspirada en ese sistema de ciclos sobre el que la humanidad ha fundamentado su supervivencia: desde el ciclo estacional de la naturaleza a la dialéctica hegeliana. El problema surge cuando esas dos concretas razones para el optimismo (las de la regeneración política) se aplican al entorno próximo, Andalucía y España, y chocan contra la obstinación del medio. ¿Caerán Chaves y Zapatero en 2009? ¿Sufrirán un desgaste tan extremado que tendrán que abandonar sus puestos? Y, lo que es mucho más amenazador, ¿por quiénes serán sustituidos? ¿Por líderes capaces de transformar el desaliento en ilusión? ¿Y dónde están entre nosotros los trasuntos de Obama, en qué partido?

Uno mira alrededor y siente inquietud. Inquietud por el silencio que rodea el incremento de los datos negativos, por la aparente estabilidad de los gobernantes, por su escasa propensión a renovarse y, en particular, por la paupérrima alternativa.

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