Carlos Colón

t oreo de salón políticamente correcto

ABirdman le hubieran debido dar tres de sus Oscar con las piernas de las estatuillas amputadas a la altura de las rodillas. Porque es una poderosa historia y una original película que asume el desafío de estar rodada en un único plano secuencia, pero tiene una última media hora horrorosa, huecamente retórica y cursi. Boyhood y Richard Linklater tenían más méritos para llevarse los de mejor película, director y guión. En cambio de entre las nominadas a la mejor fotografía Birdman gana con justicia. El Gran Hotel Budapest de Wes Anderson -otra gran perjudicada frente al inteligente efectismo de Birdman- habría merecido alguna estatuilla de mayor enjundia que las cuatro que se ha llevado: maquillaje, dirección artística, vestuario y música. Esta última debida al eficaz y muy profesional Alexandre Desplat, un compositor que nunca está mal y siempre encuentra el tono musical adecuado para la película en la que trabaja cambiando de estilo como un camaleón; pero cuyas virtudes son también su mayor defecto: la carencia de personalidad creativa. Más la hubiera merecido su opuesto -una veces para bien, las más para mal- Hans Zimmer con su muy buen trabajo para Interstellar. Así que en lo que al Oscar a la mejor película y mejor director se refiere hubo injusticia relativa, prefiriéndose la espectacularidad de Birdman a la más seria creatividad de Boyhood. Aunque también hay que decir que este año la cosa estaba reñida porque no había ningún churro entre las nominadas a las grandes categorías.

En soledad me temo que absoluta creo que El francotirador debía haberse llevado algún premio de enjundia. Pero el tono pijo-reivindicativo de la ceremonia no daba posibilidades a la película del políticamente incorrecto Eastwood, que se tuvo que conformar con el Oscar al mejor sonido. El de intérprete masculino, pese a la maciza interpretación de Bradley Cooper, lo tenía imposible: la asombrosa transfiguración de Eddie Redmayne en Spephen Hawkins la tenía ganada. De paso se cargó las posibilidades -tal vez la única posibilidad ya- del gran Michael Keaton de Birdman. Julianne Moore se llevó injustamente -porque su interpretación es buena pero la película es facilona- un Oscar al que tenía más derecho Marion Cotillard. La buena noticia es que no se lo llevó Reese Witherspoon.

Entre los secundarios, Patricia Arquette se llevó con justicia el que también hubiera podido ser para Keira Knightley, y J.K. Simmons el que un servidor habría dado a Ethan Hawke. Siendo muy buenas, algunas excepcionales, las nominadas al Oscar a la mejor película de habla no inglesa, nadie puede discutir que Ida se lo merezca. Al apuntar al caso Snowden, Citizen Four tenía todos los papeles para llevarse el del mejor largometraje documental. En animación volvió a ganar Disney. Nada que objetar.

¿Lo mejor de la ceremonia para mí? Lady Gaga (y miren que me cae mal la señora) cantando The Sound of Music, My Favourite Things, Edelweiss y Climb Every Mountain en el 50 aniversario de Sonrisas y lágrimas -y hace bien la Academia en homenajearla: batió el récord de recaudación que conservaba desde 1939 Lo que el viento se llevó- y, sobre todo, la emoción de la gran Julie Andrews que perdió su bella y personal voz tras una intervención quirúrgica.

¿Qué se ha premiado? Si se atiende a los seis premios gordos -dos Oscar para interpretaciones de enfermos, cuatro para una fábula intelectual/teatral dirigida y escrita por un mexicano considerado un autor-, lo políticamente correcto.

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