Desde mi córner

Luis Carlos Peris / Lcperis@grupojoly.com

La organización liberó a Alves

La forma de reconducir los hechos desde el momento de ver la tarjeta resultó clave para el posterior indulto

CONFIRMADO ya que el partido de los partidos se juega en la noche de Reyes, no queda otra que congratularse. Es a las nueve de la noche y considero que es la hora y el día ideales para que las cosas sean como han de ser y para que la Cabalgata no sufra injerencia alguna del fútbol. Así el panorama, el que posiblemente sea el derbi más desigual de cuantos se han jugado en el último decenio no interferirá para nada en este tiempo de fiesta y, más que nada, en la gran noche para Sevilla que es la víspera de la Epifanía, cuando la ciudad en pleno se echa a la calle al encuentro de los Magos de Oriente.

Esa confirmación de fecha y de hora es una gran noticia, tan buena como lo ha sido para el sevillismo el indulto del Comité de Competición a Daniel Alves. Desde el momento en que Lizondo le mostró la tarjeta, primero el futbolista y luego los sanitarios a pie de campo, el trabajo fue modélico para empezar a reconducir la situación, linternita del galeno incluida para descartar cualquier lesión ocular. Además, esa garante de los derechos que es la cámara de televisión tomando en primer plano la posibilidad de lesión ocular también influyó lo suyo para que el Comité de Competición liberase al bahiano casi antes de empezar la reunión del pasado jueves.

Fue una maniobra modélica de un club que funciona como modelo para los demás. Un modelo que, incomprensiblemente, no imitan todo lo que pudiera imitarse. Es el Sevilla de la hora, una máquina de conseguir éxitos que no llegan por casualidad. Por supuesto que sin suerte casi ni se puede salir de casa, pero el porcentaje azaroso en la lista de logros sevillistas en los dos últimos años puede considerarse mínimo. Es organización de forma piramidal y desde la cúpula hasta el último empleado. Es este Sevilla como una orquesta perfectamente sincronizada en el que el violinista toca el violín sin ocurrírsele tocar otro instrumento. Cada uno, a lo suyo.

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