El poliedro

José Ignacio Rufino / Economia@grupojoly.com

Una organización con propósito

Eliminar la Vicepresidencia económica es una forma de concentrar la economía en Rajoy, no en Guindos

UN trasunto de la recentralización del poliedro autonómico que se propone Rajoy es la estructura organizativa de su Gabinete. Rajoy en la cumbre, con Soraya a la derecha del Padre. Vicepresidencia, sólo una, y puramente política, cuya titular es una asistente ejecutiva, al parecer incansable y exigente. Yo, la verdad, desde que vi a Soraya poniendo piececito de Norma Duval en la portada de un periódico, necesito ahuyentar aquella imagen con el día a día de su gestión (con algunas de las ministras rojas en aquel Vogue no lo conseguí). Más allá de ese órgano staff ocupado por Soraya Sáenz, la verticalidad del organigrama ministerial es indudable, lo cual es típico de los momentos críticos en cualquier empresa (hay mucha empresa en el nuevo Gobierno, lo cual no es en sí ni malo ni bueno). Cuando pintan bastos, se reasume el mando, se limita la delegación. Surge un master and commander gallego, que de manera coherente con su aplastante mayoría y su legitimación ha colocado a todos sus ministros por debajo sin distinción de rangos... salvo que leamos entre líneas. Dejemos para los politólogos o para otra ocasión el papel del repentinamente obediente Gallardón, un corredor de fondo donde los haya, que ha sido capaz no sólo de superar el odio más o menos explícito de su partido, sino de aguantarle el tirón a Esperanza Aguirre, e incluso revolcarla. Aceptemos que el cosmopolita Arias Cañete -al parecer bastante lenguaraz en sus sobremesas bon-vivant- es más lógico en Agricultura que en Exteriores, donde la discreción es un valor clave. Se hablaba de él para Economía, pero eso era hablar por hablar. Economía fue para Guindos, que no pudo contenerse en plena campaña, cuando soltó aquello de "cuando yo mande en Economía...". Para él, Economía y Competitividad (gran aroma empresarial en la propia denominación). ¿Toda la Economía le ha caído a Guindos? No, ni mucho menos. Montoro es a tenor de sus competencias la gran figura económica del Gobierno. Esto es un artículo de opinión, así que opino: a un servidor, que Montoro tenga más peso que Guindos le parece no ya bien, sino justo y necesario.

Guindos es un tecnócrata, un hombre soberbio -su fenotipo tiene algo de hermano secreto de Botín-, como es habitual en personas muy dotadas intelectualmente y con trayectoria rutilante. Guindos tiene un currículum extraordinario, aunque no intachable. Tiene un lamparón. Como unos le afean y otros no paran de justificar, fue jefazo máximo en España y Portugal de Lehman Brothers, la empresa madre de la gran estafa planetaria reciente y su brutal crisis derivada, y lo fue justo cuando se precipitaba la debacle. Cierto es que, por eso y por mucho más, su conocimiento de los mercados financieros y la banca es profundo y completo. Su ministerio, según el BOE, no es para tanto. Él sabrá manejarse con soltura en los pasillos, los despachos y los micrófonos comunitarios, y eso le toca, lo cual no es poco. Se dedicará a los asuntos algo difusos e infradotados denominados Empresa y Innovación. Pero no le toca a él -no en el contenido de su puesto- ni el paro ni la reforma laboral, que le tocan a la onubense Báñez, a la cual acompañamos en el sentimiento. Y tampoco residen en su cajetín los presupuestos... ni la administración territorial, dos asuntos que se han convertido en la cara y la cruz de una misma moneda. La gestión presupuestaria -o sea, los recortes y los impuestos- del Estado central se agua si no se coordina con las autonomías. Además, es ésta la forma de buscar el objetivo que mencionamos arriba: recentralizar el Estado. Una España que abandone el café para todos que asfixia a no pocas comunidades y pone en peligro el control del déficit conjunto, que es el que miran los agentes exteriores. La estrategia organizativa de Rajoy es coherente. Montoro no es un tecnócrata con bagaje ejecutivo privado de postín, como Guindos. Ni falta que le hace. Es un buen alto funcionario, de bajo perfil y contrastada valía. El hombre fuerte de Rajoy. La mujer, Soraya, claro.

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