Pisando área

Habrá que organizar otra barbacoa

EL mundo que rodea al jugador de fútbol profesional es ventajista al extremo casi de lo imposible. Llorones cuando pintan bastos, los personajes en cuestión no permiten que se les pose una mosca si el viento los levanta apenas un palmo del suelo. Y no hay ánimo alguno de despreciar esta actitud. Ellos que pueden.

Bajen a los futbolistas de su pedestal de fama y dinero y que ponga la mano en el pecho quien no trata de aprovechar las situaciones ventajosas que le pueda deparar en un momento dado su vida laboral. Pues la huidiza psicología de Luis Fabiano se mueve por los mismos impulsos que el resto de los mortales, o casi, y la de los que dicen que lo aconsejan, mucho más.

Juande Ramos no se autoproclamó como el brasileño un iluminado, pero quién se atreve a decir que no lo es. Tenía muy claro que aunque su intención era volar cuanto antes, no iba a dejar pasar la gloria de jugar dos finales más con el Sevilla. Luis Fabiano es el máximo goleador de una Liga fortísima y habría que ser todo lo contrario a un iluminado para abandonarla por un club de medio pelo por mucha Premier que le tintinee. El contrato de su vida está en el aire y la postura ventajista está en esperar a ver si el Sevilla está entre los clubes de Champions que la temporada que viene van a querer tenerlo en sus filas.

Es curioso que la letra pequeña de los contratos siempre se lee sólo cuando el futbolista está en plena ebullición de rendimiento y nunca en esa recurrente fase de adaptación en la que los agentes se remiten a los años de contrato firmados. Luis Fabiano pegó hace poco un capotazo cuando la sintonía entre él y su representante quedó en entredicho tras unas declaraciones de éste. "Tenemos que hacer una barbacoa", dijo con gracia. Está claro que, según sus palabras de ayer, se han tomado algo juntos. Ahora sólo falta que a la siguiente inviten a Del Nido.

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