La ciudad y los días

carlos / colón

Hay palabras que las carga…

CUIDADO con algunas palabras. Las carga el diablo del totalitarismo. Sea del signo que sea, que tan malo fue Hitler como Stalin. Con los matices que ustedes quieran. Pero a sus millones de víctimas los matices les traen sin cuidado. Un muerto se parece desoladoramente a otro, lo haya asesinado Hitler, Stalin, Franco o ETA.

Dentro de las actividades de Evento Blog España el ecologista y animador del movimiento social y político EQUO (que se autodefine como "una formación capaz de dar una respuesta de forma participativa a las demandas ciudadanas y que, frente a los partidos tradicionales, se propone recuperar el sentido de la política como un instrumento de transformación y gestión colectiva"), impartió una conferencia en la que afirmó: "La desobediencia civil es la herramienta fundamental para cambiar la realidad y, así, poder avanzar". Afortunadamente, como escribía la compañera Cristiana Díaz: "La ponencia no convenció y, diez minutos después de su inicio, un gran número de asistentes comenzó a salir de la sala".

Las palabras desobediencia civil son de las que puede cargar el diablo totalitario (que siempre promete una libertad más perfecta que la garantizada por las que ellos llaman democracias burguesas). La desobediencia civil es la resistencia pacífica a las exigencias o mandatos del poder establecido. Una actitud tan honesta y valiente bajo una dictadura como peligrosa en una democracia, si es promovida por extremistas de derechas o de izquierdas que, inevitablemente, acaban por despojarla de su carácter pacífico.

La única forma de organización social y política que garantiza las libertades es la democracia representativa. La herramienta fundamental para cambiar la realidad en un Estado democrático son las urnas cada cuatro años, el sistema de partidos, el fortalecimiento de la sociedad civil y lo mucho que ella, vertebrada por asociaciones y estimulada por la participación crítica, puede hacer.

En nuestra Constitución se afirma: "En los modernos sistemas democráticos la opción entre democracia directa y democracia representativa está definitivamente resuelta a favor de esta última… El ejercicio de la soberanía popular se instrumenta fundamentalmente a través de los representantes". Ésta es, no la única, pero sí la decisiva herramienta para cambiar la realidad en un Estado democrático. No caigamos en el error de deslegitimar a los partidos. A Franco tampoco le gustaban.

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