la ciudad y los días

Carlos Colón

A menos pan, más circo

LEO que plantear, a propósito de la tragedia de Madrid, reflexiones de tipo social o ético sobre algunas formas de utilizar el tiempo libre y de divertirse de los jóvenes es reaccionario. Según quienes expiden patentes de progresista, los reaccionarios (que son cuantos difieren de sus opiniones o colaboran en los medios que todo buen progre debe ignorar bajo pena de expulsión del rebaño) se han lanzado como buitres sobre la tragedia para hacer moralina a costa de las jóvenes muertas.

Se puede culpar al Ayuntamiento de Madrid, porque es del PP, y se pueden criticar las muchas irregularidades que presuntamente se cometieron en el Madrid Arena, desde la entrada de menores al desbordamiento del aforo -el propio disc-jockey dijo que había 15.000 personas-, desde las condiciones de evacuación hasta que se colaran petardos, bengalas o armas blancas, desde los flujos incontrolados de quienes hacían botellona fuera y pretendieron entrar hasta los canallas que tiraron los petardos. Sobre esto se puede opinar sin suscitar las iras de los inquisidores progres. Pero si se da un paso más, reflexionando sobre esa macrofiesta como símbolo de un malestar, se incurre en lo reaccionario y en la moralina del buitre que se ceba en la desgracia para impartir doctrina.

Hace tiempo que se intenta confundir la moral (lo perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia; lo que no concierne al orden jurídico, sino al fuero interno o al respeto humano; la ciencia que trata del bien en general y de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia) y la ética (la parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre) con la moralina (la moralidad inoportuna, superficial o falsa). Esta confusión, que busca reducir toda moral o ética a falsedad o prejuicio, interesa por igual a la derecha neoliberal y a la pos-izquierda gamberra. Muchas cosas las separan, pero les une la común aversión a la educación y la reflexión que hacen posible la siempre peligrosa libertad crítica. Pan y circo, ya se sabe. Y si el pan escasea, más circo.

Las formas de divertirse y de emplear el tiempo de ocio aportan mucha información sobre las sociedades que las generan. Estas macrofiestas, al igual que la botellona y el consumo de alcohol, plantean un grave problema que afecta a la carencia de referentes motivadores -ideológicos, intelectuales, religiosos, políticos, educativos- de muchos jóvenes. Situación agravada por la crisis que condena a la mitad de ellos al paro y por el fracaso educativo que nos hunde en la mayor tasa de abandono escolar de Europa.

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