Los ciriales

José / Joaquín / Gómez

Al pan pan

TENÍA previsto dedicar la última columna de este año a las declaraciones de nuestro arzobispo al inicio de la cuaresma, pero la publicación de su última carta pastoral me impulsan a dedicarle ésta a su extraordinario contenido. Está claro que este hombre llama a las cosas por su nombre y no se anda con medias tintas. Al vino vino.

Debo confesaros que coincido plenamente con su contenido, al tiempo que debo reconocer cómo no siempre cumplo con cuanto en ella se recomienda; por lo que os invito a que la busquéis y la leáis en profundidad y con detenimiento.

De todos es sabido que el ambiente religioso de nuestra Semana Santa dista mucho de la expresión profundamente religiosa que flotaba en la ciudad hace algunas décadas. Por ello, nuestra primera obsesión como cofrades y como cristianos debe ser no distraer a nuestros hermanos en lo accidental para centrarnos en lo fundamental. No podemos olvidar que "nuestras estaciones de penitencia no son espectáculos, son expresiones de religiosidad y piedad"; lo contrario sería favorecer el convertir nuestras celebraciones en "manifestaciones culturales o espectáculos de interés turístico".

Para vivir plenamente nuestra Semana Santa, para encontrar su auténtico y verdadero sentido, es imprescindible que nos hagamos presentes en las celebraciones que la conmemoran. "Ni las procesiones, ni las sagradas imágenes, ni sus pasos, suplen la riqueza de la liturgia pascual".

Esta es una asignatura pendiente en todas nuestras cofradías y en la inmensa mayoría de los cofrades. Nos preocupan y nos ocupan demasiadas cuestiones, que si bien son necesarias también son menores -bandas, horarios, itinerarios, estrenos…-; anteponiendo lo accesorio a lo principal, que es el verdadero fundamento de nuestra celebración: la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Y ello no significa que haya que abandonar nada de lo que sea auténtico por cofrade, basta con poner cada cosa en su sitio.

Hay tiempo para todo, lo comprobaréis si verdaderamente lo queréis. Hay tiempo para las procesiones y para la liturgia, para los pasos y para los oficios. Lo que nos falta es valor para inclinarnos por lo fundamental, huyendo así de los muchos "señuelos y ruidos con los que trata de seducirnos la sociedad consumista y secularizada en la que vivimos". Lo peor es cuando éstos proceden del interior de nuestras propias hermandades, pero de ello hablaremos la próxima semana.

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