Cuchillo sin filo

francisco Correal

Mi papá

MANUEL Chaves no es, obviamente, el padre de José Antonio Griñán, pero la metáfora de una indudable paternidad política en virtud de la cual lo designó su sucesor después de casi dos décadas al frente de la Junta de Andalucía es un regalo que hace la actualidad para encontrar similitudes entre el padre metafórico y el papá que se ha asomado a todos los mentideros de la judicatura balompédica. En ambos casos, ninguno sabía nada en los respectivos tejemanejes que se producían con sus haciendas, pública en el primer caso, privada la segunda pero con las pertinentes obligaciones con el fisco.

Leo Messi miraba a uno y otro lado como buscando la complicidad de Luis Suárez y de Neymar, pero lo habían dejado solo ante el peligro, teniendo que parar un penalti disparado por él mismo como en un relato de su compatriota Julio Cortázar. En el caso de Chaves y Griñán, estuvieron casi un cuarto de siglo al frente de la Junta de Andalucía. Los conozco a los dos y no dudo, no quiero dudar de su honorabilidad; donde sí encuentro dudas y lugares para la sospecha es en la indiferencia generalizada de los profesionales de rasgarse las vestiduras cuando los indicios, en este caso tan vehementes como los del poemario de Ana Rosetti, de corrupción y de irregularidades pertenecen a los que son tus correligionarios. Miren cualquier día el mapa del tiempo y jueguen a cambiar Valencia por Andalucía.

Las calles estarían llenas de manifestantes, en las tertulias tendrían que hacer cola para soltar las soflamas contra los trileros. Pero la política se ha convertido en un sucedáneo de la familia, llegan tarde los de la CUP con su apología de la tribu: está bien instalada, y cuando el patriarca es cogido en un revés la tribu es pura Fuenteovejuna.

Todos hacían lo que les decía su papá. Chaves inició su primera campaña electoral para presidir la Junta cuando empezó el Mundial de Italia. A Griñán me lo presentó Borbolla en el campo del Betis en mayo de 1994 cuando el equipo ya había logrado una semana antes el ascenso automático en el Plantío burgalés. Los dos entenderán la metáfora balompédica que los ha traído a la actualidad con el mejor futbolista del mundo. La pierna izquierda de Messi no sabía lo que hacía su mano derecha.

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