cruz alzada

Juan / Moya / Gómez

Aún parece que te veo

SI cierro los ojos en el vacío de esta gris mañana, aún parece que puedo verte posado sobre el lecho de lirios morados, aún puedo soñarte cruzando quedamente desde el ayer las angostas calles con la cadencia de tu paso, imaginarte prendido de las últimas sombras del día, mientras surcas un rumor de plegarias que en el silencio buscan el bálsamo de tú dulce mirada.

Bajo la plenitud de la noche, todas las horas se quebraron, todos los astros se asomaron para contemplar el resplandor de tu imagen desnuda, despojada de todo aquello que distrae a los sentidos y que te sobra. Porque ayer no hizo falta que te envolviera el olor de primavera que los jardines dejan a tu paso. Eras Tú, aun cuando te faltara el dorado y los ángeles, la luz de las velas siempre a medio caer, el quejío amargo de cornetas rasgando la oscuridad y las estrellas. Eras Tú, y más que Tú, aun cuando no te precedieran en la oscuridad los blancos nazarenos iluminando el sendero de aquellos martes que se hacen santos. Eras Tú desde la sencillez de la esencia más pura, tan sólo Tú enseñándonos a cargar la cruz de tantos sufrimientos y quebrantos. Ayer no eras de la tarde ni de la noche que se presagiaba, no eras del frío que se queda ni de la primavera que augura florecer en las ramas de las próximas lunas llenas. Ayer eras del pasado y del mañana, de todos y de nadie, de la tierna nostalgia del recuerdo doliente de los ausentes, eras de las furtivas miradas que en cada esquina te apresaban, de las almas de aquellos que a diario buscan en San Nicolás la Salud y el consuelo de tu mirada ladeada.

Si aún hoy te puedo percibir en la memoria es porque no es fácil hacer pasado del ayer en quienes te vieron pasar al anochecer, aquel día en que marzo empezaba a despuntar entre las sombras.

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