PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

El paro del piso piloto

LA caída en la contratación y en la afiliación a la Seguridad Social es un indicativo fiable sobre la tendencia negativa de la actividad económica. En cualquier época, incluso en las crisis, hay empresas y negocios muy rentables, pues siempre coinciden en un cambio de ciclo los emergentes y despabilados con los desfasados y desarbolados. En tiempos de bonanza general es más fácil abrirse paso situándose a favor de corriente. Con la marejada actual, buena parte de las economías familiares y de las empresas no pueden apoyarse en una inercia y corren el riesgo de encallar porque carecen de rumbo claro.

Es obvio que el sector de la construcción es el primero que se ha desinflado, sobre todo porque había crecido de modo tan descomunal, sin parangón en toda Europa, que no era creíble el eufemismo del aterrizaje suave que utilizan quienes están en la obligación de llamar a la calma. El fuerte parón de la actividad no afecta únicamente a las empresas auxiliares, a las subcontratas, a los fabricantes y a los proveedores. Están menguando o desapareciendo a fuerte ritmo las redes de oficinas inmobiliarias (franquiciadas o no) que habían proliferado de modo espectacular desde comienzos de siglo. Cambiaron el paisaje de muchos barrios cuando ocuparon buen número de locales comerciales, con sus ofertas y reclamos. En el mío sólo tenía parangón su crecimiento con el de los bazares chinos. Ahora la fiebre amarilla sigue al alza y los vendedores de pisos buscan recolocación forzosa por liquidación de las oficinas donde habían participado en la fiebre del oro inmobiliario.

Los veinte trabajadores en Sevilla de una empresa de venta de viviendas anunciaron ayer que se les adeudan los sueldos de diciembre y enero y la única alternativa que se les ofrece es firmar la baja voluntaria. En términos macroeconómicos, a esto se le llama ajuste, desaceleración o aterrizaje suave. En términos reales, esto es quedarse en la calle.

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