tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

¿Qué le pasa a Merkel con España?

LA proyección europea del Gobierno de Berlín recarga las pilas de la memoria histórica. Aupada Alemania como primera potencia continental, su dictado de la verdad revelada recuerda algo, salvadas muchas distancias, a los momentos en los que este país quiso construir la realidad del mundo a su antojo. Si una virtud fundacional tiene lo que hoy se llama Unión Europea es la de amortiguar las tensiones interiores, antes resueltas con pepinos de acero. Merkel, sin apenas granero electoral, recurre a los tópicos xenófobos de antaño, que culpan de los males de Alemania a otros, a aquellos que miran como a pueblos de segunda…

Las autoridades germanas han polarizado en España muchas de sus debilidades argumentales en los años de la crisis. Han afeado la conducta gubernamental, las costumbres y hasta la dimensión del ocio. Nuestra banca es insegura; nuestra nación, carne de rescate económico, y, con tanto toque de corneta cuartelera, nos marcan como objetivo de las panzer-divisionen de la especulación. Ahora, falseando la realidad, nos tocan los pepinos acusándonos de una incompetencia que, sabida la verdad, agiganta la suya.

La facilidad de Berlín para señalar hacia el sur no es nueva -en otro tiempo sus demonios se saciaban en Francia- y revela patologías de la historia mal curadas, centralidades inaceptables y una apropiación o secuestro de Europa que contraviene el espíritu supranacional de la construcción comunitaria. La broma de los gurken, los pepinos de destrucción masiva, nos va a pasar una factura que tenemos que reclamar ya a esa gente.

Imaginémonos que cuatro automóviles Audi, o Mercedes o BMW, sufren siniestros durante un fin de semana con el resultado de 12 muertos. Al día siguiente, las autoridades españolas, sin comprobar el estado de las carreteras, el nivel de alcohol en sangre de los conductores y otras circunstancias del tráfico, atribuyen a los vehículos alemanes una peligrosidad extrema e inician medidas contra las importaciones… ¡No es imaginable! El ejemplo, tan simple como simplista, tal vez sirva para dar esfericidad craneal a ciertas estructuras mentales.

Días atrás, viajaban a la nación centroeuropea un grupo de universitarios madrileños. En un diario de Bamberg, en Baviera, un joven preguntó qué información estaban publicando sobre el movimiento del 15-M. La responsable del periódico, con desdén, manifestó su desinterés hacia la protesta de vagos ociosos…: "De España sólo nos preocupa la llegada de pepinos mortíferos". El parte médico indica que el grupo de españoles fue víctima en Alemania de una intoxicación muy grave de euro-decepción… La bacteria: Merkel.

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