la ciudad y los días

Carlos Colón

¿Qué pasa con las carreteras sevillanas?

EN el verano con menos muertes en las carreteras españolas de los últimos 50 años -321, la cifra más baja desde el verano de 1962 en que el fallecieron 340 personas-, la provincia de Sevilla se sitúa en el primer y trágico lugar con 21 muertos en accidentes que por su gravedad se convierten en trágica noticia nacional. Sólo en tres de ellos -el último ayer en Marchena- han fallecido nueve personas. Casos escalofriantes que han enlutado Los Palacios, Las Cabezas o Marchena.

La mejora de las carreteras, mayor seguridad de los vehículos, endurecimiento de las sanciones y mayor responsabilidad de los conductores -que incluye el descenso de la velocidad media, que ha pasado de 109 a 103 km/h- han logrado las buena/malas cifras de este año. Buenas por ser el verano menos mortal en 50 años. Malas porque 321 son muchas, muchísimas vidas perdidas; mucho, muchísimo dolor en por lo menos el doble de familias y en un número difícil de calcular de personas unidas por lazos de sangre, amor o amistad a los fallecidos.

¿Qué pasa en Sevilla? ¿Las redes de carreteras de nuestra provincia son las peores de España? ¿Los conductores sevillanos son los más imprudentes? ¿La fatalidad lo tiene aquí más fácil? La cuestión debe figurar en las agendas de los políticos provinciales y autonómicos en primerísimo lugar junto a la sanidad; porque como ella tiene que ver con la vida y con la muerte, con la angustia y con el dolor. El siniestro primer lugar nacional en fallecimientos en accidentes de tráfico que ha ocupado la provincia de Sevilla debe obligar -ahora, ya, hoy- a revisar la totalidad de nuestra red de carreteras y a sacar dinero de donde no lo haya (porque todos sabemos dónde lo hay y en qué lo malgastan las administraciones autonómicas, provinciales y locales) para repararlas, rectificarlas, señalizarlas o volver a trazarlas.

Habrá que revisar también la responsabilidad de nuestros conductores, el estado de nuestros vehículos y la vigilancia con que se persigan las infracciones. Pero lo primero es garantizar la seguridad en lo que a la red de carreteras se refiere. Está en juego la vida de personas, no se olvide. No podemos dar por buenas las muertes en carretera descargando las responsabilidades únicamente en los conductores. Que el caso de Ortega Cano, tan aireado por la telebasura y los semanarios de amarillismo y carne, no sirva de pantalla o coartada. Y que mucho menos se considere estadísticamente razonable el número de muertes, como si los automóviles fueran dioses que exigieran sacrificios humanos. ¿O es que las carreteras sevillanas son el sangriento altar de Apocalypto?

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