PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Las pateras del iPhone

LAS pateras y los cayucos son la versión moderna, a fuer de cruel, de la barca de Caronte. Virgilio no imaginó a su héroe Eneas pagando a una mafia para disponer de plaza en una travesía que es el descenso a los infiernos. En la que se vive la muerte antes de soltar amarras, entre difuntos que son carne de mar, y después de ser recogidos en la costa como peleles desinflados por la hipotermia y el shock. Cuando comenzó esta epopeya siniestra, en cada bote de mala muerte iba un Caronte para guiar el rumbo a la española tierra prometida. Ahora, ni eso, suben a bordo sin barquero hacia la montaña rusa del océano.

En su pírrica grandeza de náufragos detenidos y deportados, no saben la fuerza que tiene su voz. Cuando pisan suelo español, la patria en la que residen africanos como ellos (valga El Cerezo en Sevilla), se convierten a la vez en individuos sin papeles y en personas con palabra. Al recuperar el aliento, cuentan a su modo la odisea y las bajas de un pasaje fantasma del que no es posible tener datos ni pruebas. De inmediato, se convierte en verdad oficial e incontrovertible que protagoniza la actualidad informativa y las comparecencias de los gobernantes. Es el único momento y lugar en que su palabra tiene más credibilidad que cualquier otra. Cuando la muerte misérrima es consagrada con cifras.

Esta semana han llegado a España la barca de Caronte cargada de muertos sin rostro y la primera remesa de teléfonos iPhone. El aparato encumbrado por el marketing, que, como los demás móviles, ordenadores, cámaras digitales y sistemas electrónicos para vehículos, funciona gracias a un metal llamado tantalio, que se extrae del coltán, mineral que el Pentágono tipifica como estratégico. África tiene el 80% de las reservas de coltán. Quitaría mucha hambre y ansia de emigrar a vida o muerte. Pero es robado a mansalva. Hay un masivo tráfico ilegal de coltán. Nos lo venden con los papeles en regla. No se lo pagamos a los africanos, sino a las empresas de nuestro mundo digital. Es el colonialismo 2.0, el abismo on line, la muerte en nuestras manos.

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