Hoja de ruta

Ignacio Martínez

La patria es la imagen

KOSOVO es independiente desde ayer, con la complicidad de la Unión Europea, aunque algunos socios ven con recelo esta nueva frontera. Putin se lo ha tomado peor aún: ha desafiado a la UE a que aliente la independencia de algunas regiones españolas. Mientras aquí, mucha gente se pregunta si esta decisión es un precedente para Euskadi. En Vitoria hay quien mira a Pristina con envidia. Pero, por una vez y sin que sirva de precedente, PSOE y PP están en contra de la independencia de Kosovo, que lo primero que ha hecho es una operación de imagen: aprobar sus símbolos nacionales.

Cuando en 1991 las repúblicas yugoslavas de Eslovenia y Croacia decidieron declarar unilateralmente su independencia, hubo una clara discrepancia entre los dirigentes de la Comunidad Europea. En Alemania, Kohl y Genscher acogieron con entusiasmo la emancipación de esos dos territorios del antiguo imperio austrohúngaro. Pero al francés Mitterrand, al británico John Major o al español Felipe González les contrarió la prisa teutona en reconocer a los nuevos estados. Aquello desató la guerra tribal más cruel y sanguinaria que ha vivido Europa desde la II Guerra Mundial. Un año antes del estallido de la antigua Yugoslavia, se habían separado de la Unión Soviética las tres repúblicas bálticas, y en enero de 1993 debutaron en este baile de fronteras Chequia y Eslovaquia.

Las reticencias de Mitterrand, Major y González en 1991 tenían que ver con las tensiones secesionistas de Córcega, el Ulster, Cataluña o el País Vasco. Tras el error del 91, la Unión Europea ha sido prudente con los independentismos en el continente: las gestiones del jefe de la diplomacia de la UE, Javier Solana, retrasaron hasta 2006 la emancipación de Montenegro de Serbia. La doctrina Solana no se ha impuesto en esta ocasión, a pesar de que Kosovo es una indiscutible provincia de Serbia; eso sí, penetrada desde hace décadas por una masa de albaneses que ha acabado siendo hegemónica. Solana, por cierto, siendo secretario general de la OTAN ordenó en 1999 el bombardeo de objetivos militares en Serbia, para forzar la retirada de su ejército de territorio kosovar. Fue el primer acto de la independencia proclamada ayer.

Poco tiene que ver Kosovo con Euskadi, por historia o composición de su población. Tampoco hay precedente de fractura en un país miembro de la UE. A Jordi Pujol en los 90 le encantaba mirarse en el espejo báltico. Pero en 1996, tras la sentencia sobre el caso Bosman, que convirtió en nacionales a todos los jugadores comunitarios, el president dijo que no le gustaría que el Barça alineara a 11 irlandeses "porque no son tan buenos", pero que no le importaría que fuesen once holandeses. No dijo una sola palabra sobre jugar con once catalanes, para hacer patria. Al fin y al cabo, la patria es la imagen.

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