Tribuna Económica

Joaquín / aurioles

El patrimonio de las familias

LA Encuesta sobre Finanzas y Consumo de los Hogares en la Eurozona presentada la pasada semana por el BCE ofrece un resultado sorprendente: la riqueza neta de un hogar medio en los países mediterráneos es superior a la de un hogar del centro o del norte del continente. El patrimonio neto de una familia media española es de 291.000 euros y el de una italiana de 275.000 euros, frente a los 231.000 euros de media en el conjunto de la zona, los 195.000 euros de una familia alemana o los 233.000 euros de una francesa. Un resultado tan extraño que lleva a desconfiar en la utilidad de la información publicada, sobre todo cuando se comprueba que las familias más ricas son las luxemburguesas, seguidas de las de Chipre y Malta.

El problema no está, sin embargo, en el diseño de la operación, en el método o en la calidad de los datos, sino en la necesidad de un profundo filtrado de la información antes de animarse a realizar comparaciones. S. Baliña, de AFI, ha limitado la comparación a los hogares que son propietarios de la vivienda en la que residen, encontrando la posición relativa de las familias españolas se desplaza significativamente, lo mismo que las italianas y portuguesas, que se ven ampliamente sobrepasadas por las alemanas. La primera explicación que cabe ofrece de un resultado tan sorprendente está en la evolución de los precios de la vivienda y en que más del 80% de las familias españolas es propietaria de su residencia, mientras que en Alemania sólo lo hace el 44%. Los factores institucionales han debido tener su importancia, como el hecho de que en Alemania no haya habido estímulos fiscales a la inversión en vivienda, como en otros lugares, aunque las variables fundamentales para comprender los resultados son la estructura de los hogares y el desempleo juvenil.

En España tan sólo el 18,4% de los hogares está formado por un solo miembro y en Portugal el 17,7%. Son los dos valores más bajos de toda la Zona Euro, que contrastan con el 39,6% de Alemania y Finlandia, el 38,7% de Austria, el 35,6% de Holanda o el 35,3% de Francia. Los hogares con uno o dos miembros representan menos del 50% del total en España o en Portugal, mientras que la media europea supera ampliamente el 60%. Lo que refleja la Encuesta del Banco Central Europeo no es, por tanto, el resultado de un patrimonio familiar sobrevalorado por el excepcional comportamiento del precio de los inmuebles, sino de los obstáculos a la emancipación de los jóvenes o al cambio de residencia por razones de trabajo y para formar un hogar independiente. El problema está en el desempleo juvenil, en el descenso del salario real y en la precariedad en las condiciones de contratación por el primer empleo, que obligan a los jóvenes a permanecer bajo la protección del entorno familiar y vecinal.

Esta es también la explicación a otra aparente contradicción en los resultados de la Encuesta: el elevado valor del patrimonio neto de unos hogares que, sin embargo, figuran entre los más vulnerables del continente desde el punto de vista financiero. La causa, el alto grado del endeudamiento hipotecario en hogares con rentas inferiores y con peores expectativas laborales.

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