Tribuna económica

De peces grandes y pequeños

HACE ya 10 años, un documental de la televisión pública sueca hizo que el gran estandarte del diseño para todos los públicos, Ikea, sufriera un mazazo en su imagen pública. Entre otras cosas, La trastienda de Ikea, que así se titulaba el documental, reflejaba una política de aprovisionamiento que consistía, en síntesis, en lo siguiente: subcontrato a un fabricante local en un país con mano de obra barata (pongamos Rumanía), le propongo concentrar su producción en un producto concreto, a la vez que le impongo servirme a mí, en exclusiva. Mientras, mis ojeadores hacen prospecciones en territorios aún más baratos (pongamos India, Filipinas, Vietnam), a uno de los cuales trasladaré la fabricación del producto en cuestión, abandonando al anterior afortunado proveedor, que se ve con un negocio fantasma abocado al cierre. La multinacional sueca -es un decir: Ikea radica oficialmente en Holanda, bajo la forma jurídica de una fundación cuyos propietarios son sociedades sitas en Luxemburgo y otros paraísos fiscales- reaccionó con una ingente inversión en Responsabilidad Social Empresarial. Es sólo un caso dentro de una política de aprovisionamientos propia de otras multinacionales. Por ejemplo, Nike no produce, es sólo una marca, y reduce sus costes cueste lo que cueste mediante una agresiva política de compras en diversos puntos del planeta. También a nivel nacional las empresas practican políticas similares. Partimos del principio de que, como el agua busca siempre su salida, es natural que las empresas busquen producir al menor coste para una precio y unas calidades determinadas, y eso no es ni bueno ni malo: es así.

Esta semana hemos sabido que las marcas blancas -aquéllas con las que las grandes cadenas de distribución venden productos fabricados por otras empresas, a las que el cliente desconoce- acaparan un mayor porcentaje de las compras de las familias, dado que son más baratas. En no pocos casos, la asfixia de los proveedores -cautivos e invisibles- es creciente. También en esta semana hemos sabido que los alimentos frescos multiplican por mucho sus precios desde el agricultor hasta el lineal del súper, a veces de una forma descabellada. La causa de esta inflación desde el origen hasta el consumo no es muy distinta a la que nos hace comprar más marca blanca y menos marcas con nombre propio. La crisis -y la sugestión de la crisis instalada en el corazón consumidor- está suponiendo una contracción de los márgenes de los pequeños, que venden a las grandes superficies casi a cualquier precio: vender como sea. Una huida hacia delante.

Para que el mercado libre sea "libre", sin embargo, la vigilancia y la tutela pública de las actividades de intercambio empresariales es tan fundamental como lo es el principio de rentabilidad empresarial, porque si los peces grandes son el resultado natural del libre mercado, éste no será libre sin peces pequeños. La Comisión Nacional de la Competencia debe tener un papel protagonista en estos tiempos de turbulencia. Por suerte, así es: en lo que va de 2009 ha incoado más expedientes que en todo 2008.

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