El poliedro

José Ignacio Rufino / Economia@grupojoly.com

Más peligro que la China

En la 'Minidavos' de verano en China, los expertos recelan de las cifras oficiales del gigante asiático

QUE el mundo es y será una porquería ya lo sabía Gardel, en el quinientos seis, ¡y en el dos mil también! Quien dice dos mil, dice dos mil doce. Y no sólo para la España de los rescates y los regates al rescate de un Rajoy preelectoral y partidista; ni para la del discurso del Rey bloguero que no se calla, o la del banco malo que nos tragamos los contribuyentes y -hombre, muchas gracias- los bancos buenos también un poco: la España nuestra de cada semana, un sinvivir. Consolémonos con la letra del tango Cambalache: siempre ha sido así. Y consuelo de tontos: es así para prácticamente todos, y si no lo es lo ha sido o lo será. Venga esto a cuento del progresivo temor de los sacerdotes de la economía global, tan polarizados y por ello desprestigiados, acerca de que, si un gran peligro es la crisis de la Eurozona con España de actual prota, más peligro tiene China. Es cuestión de tiempo. Recuerdo a algunos economistas hoy partidarios de la Dukan Pan & Agua hablar no ya de la solidez de nuestro sector de la construcción, sino del milagro del crecimiento planetario sostenido e indefinido. También de China como nueva locomotora, como el paraíso de las oportunidades y las energías. Y qué va, no es para tanto.

Durante muchos años, el Oráculo de Delfos del mundo cada vez más interdependiente se ha reunido en una estación de esquí de Suiza, Davos. El Foro Económico Mundial ha sido el lugar de intercambio de ideas sobre cómo mejorar el mundo, y recientemente el Foro ha ido realizando otros encuentros por el mundo, en lugares donde, como en Davos, no pudiera llegar horda antisistema alguna a fastidiar la reunión, como la propia Davos, arriba en la montaña.... y como China, donde las protestas y ataques que no son masacrados son aquellos que, por ejemplo, destrozan intereses japoneses. Este año, el minidavos chino se ha realizado en Tianjin. Y los grandes hombres están no ya asustados con la crisis del euro (a esto estamos acostumbrados, como quien dice), sino por la nueva tormenta por venir: China ralentiza su crecimiento. Aunque es evidente que el crecimiento permanente es insostenible y crea asimetrías -injusticias, por así decirlo- aquí o allá, jugaremos con las reglas de análisis ortodoxas una vez más. El crecimiento del PIB chino ha caído a cotas menos irracionales, aquellas de dos dígitos, hasta el 7,5%. Eso implica entre otras cosas una fuerte caída de sus importaciones, nuestro supuesto maná, así como la reconversión de sectores que parecía que iban a comerse -literalmente- el mundo, como la del automóvil.Según decía The Economist esta semana sobre este asunto, "la gente está acostumbrada a los malos augurios provenientes de Europa; desde China resultan espeluznantes".

Los países en recesión, como muchos europeos, necesitan agarrarse al crecimiento chino y al de sus importaciones para apuntalar su propio crecimiento vía exportaciones. Pero no sólo el PIB chino se desacelera (o sea, crece, pero menos que el año anterior), sino que no hay confianza alguna en las estadísticas chinas, menos fiables que las griegas del otrora consultor Draghi. Sí hay indicadores indirectos mucho más fiables que los del partido único: la producción eléctrica china ha crecido alrededor del 1%, y la tendencia es a decrecer. ¿Encaja esto con un crecimiento del valor añadido industrial unas diez veces superior? Huele a pan de gambas. Mientras que la burbuja de la manipulación oficial de la República Popular de China explota o no en la cara de todos, sería una buena noticia que nuestro banco malo lo comprara alguna corporación china, como aquel otro prenda que confundió los carteles de protestas en el parque de bomberos de Jerez, y ofreció: "Lo complo todo, cuánto". Ya hay propuesta para el nombre del banco que se ha tragado el contribuyente español: el ChungHo Bank.

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