la esquina

José Aguilar

Los peligros del móvil

EL grupo de expertos en investigación sobre el cáncer creado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha estado debatiendo una semana en París para llegar a la conclusión más estéril y aventurada posible: el teléfono móvil queda clasificado como "posible carcinógeno", pero "no está claramente establecido que de hecho aumente el cáncer".

¡Caramba con los expertos! Ni sí, ni no, sino todo lo contrario. Dicen que algunos ensayos realizados apuntan al incremento de cierto tipo de tumores cerebrales por el uso de móviles, pero que existe una reducida evidencia de la carcinogenicidad en humanos y que hay que seguir investigando. Una posibilidad que habrá que confirmar, ha resumido un responsable del Ministerio de Sanidad español.

O sea, que estamos como estábamos, sometidos a la incertidumbre y al miedo cada vez que utilizamos el aparato que ahora nos parece imprescindible, aunque hayamos vivido miles de años sin él. Comprendo que el asunto es delicado, que las investigaciones son parciales y faltas de la suficiente perspectiva temporal y que exigimos a la ciencia más certezas y seguridades de las que está en condiciones de ofrecernos, pero siempre se confía en que la OMS no nos falle. Que diga la última palabra, serena y verídica, en medio de la confusión entre las profecías apocalípticas que a menudo prenden en una sociedad propensa al pánico y el optimismo interesado de los operadores telefónicos. Y que su palabra vaya a misa, que nos calme y nos oriente como cuando alerta sobre la gripe o el sida.

Hablando de salud quedarse a medias es lo peor. Porque si nos afirmaran con rotundidad que sí, que la utilización intensa del móvil pone en peligro cierto la salud porque sus radiaciones aumentan la posibilidad de contraer alguna variante de la enfermedad más temida, pues nada, procuraríamos desterrar el aparato de nuestras vidas o, al menos, usarlo poco (como el tabaco, que mata: nos quitamos de fumar o fumamos menos). Y si, por el contrario, quedase constatada la inocuidad del móvil, lo seguiríamos usando a mansalva, como ahora, sólo que más tranquilos, absorbidos por el cacharro más universal de los que se han inventado. En España, por ejemplo, hay más móviles que habitantes. Puede ser una tortura para la convivencia, sí, pero nadie se pondría malo por comunicarse a través suyo.

La duda es lo malo. Mientras no se disipe seguiremos atemorizados y triunfarán las versiones más exageradas sobre la telefonía móvil: los vecinos exigiendo la retirada de las antenas de las azoteas próximas, los hombres creyendo que el móvil los dejará impotentes, las arritmias explicadas por la presencia del móvil en la chaqueta, y otras leyendas urbanas que la gente se cree por puro susto.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios