Editorial

La peligrosa ambigüedad del PSC

EL principal enemigo del PSC es él mismo. Su vertiginoso retroceso en las últimas citas electorales en Cataluña se debe, en gran parte, a la desconcertante ambigüedad con la que está reaccionando ante el proceso soberanista. Atrás quedan los tiempos en los que los socialistas catalanes supieron guardar un exquisito equilibrio entre la pertenencia al proyecto común de España y la conciencia catalanista. Desde hace tiempo, el PSC se está escorando peligrosamente hacia el nacionalismo catalán, perdiendo el favor de muchos ciudadanos de los cinturones obreros, quienes debido a sus orígenes andaluces, extremeños o aragoneses no se podrán identificar nunca con el secesionismo. La última vuelta de tuerca la dio ayer el PSC, cuando hizo saber que, aunque la ponencia que se defenderá en su próximo congreso apostará por el plan A de una reforma constitucional en clave federal, tampoco se descarta un plan B que podría consistir en ensayar la llamada vía canadiense en el caso de que dicha reforma constitucional fracasase.

Esta vía canadiense es una clara alusión a la Ley de Claridad con la que el país norteamericano regula cómo debe ser un referéndum de independencia de cualquiera de sus provincias, aunque evidentemente se redactó pensando en la siempre díscola Quebec. Es decir, que el PSC está dejando claro que no descarta, aunque no sea en primera instancia, un referéndum de independencia en Cataluña.

Pero el asunto va más allá. En la ponencia que se defenderá en el XIII Congreso del PSC, que se celebrará entre el 4 y el 6 del próximo mes de noviembre, se abogará por que la reforma constitucional contemple el "pleno reconocimiento del carácter nacional de Cataluña, de sus derechos históricos y de la singularidad de su autogobierno". La retórica nacionalista de estas palabras nos indica muy claramente la deriva catalanista del PSC.

El PSOE debe tomarse muy en serio esta cuestión, porque la imagen que está dando al conjunto de los españoles es que la formación socialista no tiene muy claras sus propuestas para superar la crisis soberanista en Cataluña. Los socialistas no pueden seguir dando respuestas diferentes a la misma pregunta dependiendo de la zona geográfica en la que se encuentren y, por supuesto, deben dejar muy claro que no van a permitir tratos de favor para ninguna de las comunidades autónomas que componen el país.

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