Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Es peligroso el piropo en el Betis

En un club normal y viendo sus números, la renovación de Chaparro sería un hecho, pero tanto elogio...

TRIANERO, pero con mentalidad teutónica, pragmático, trabajador infatigable, responsable como pocos, Paco Chaparro está logrando lo que parecía imposible allá cuando Héctor Cúper llevaba la manija. Por cierto, ¿se lleva el argentino la pastizara por la salvación o no? Da igual, si se la lleva es porque le corresponderá y punto en boca. Aquí lo que importa es Chaparro y la labor que está realizando a base de sensatez, trabajo y honestidad. Que ya hay que ser íntegro para decirle a Ricardo que salga a calentar a Casto, que el que juega es el que salvó los muebles en Pamplona mientras él se guardaba para su selección.

Y es que con Chaparro, todos los que no juegan saben por qué, lo que deja bien a las claras que su comportamiento no obedece a caprichos sino a la lógica de un hombre que hace lo que debe porque no le debe nada a nadie. Con números como los de Chaparro en cualquier club presidido por la normalidad se estarían dando prisas en amarrarlo con un contrato que, en puridad, cada día podría encarecerse. Puede argumentarse que la permanencia del equipo no está consolidada y es cierto, pero sólo lo sería si fuese ese el único obstáculo para reunirse con él y ponerle a la firma el contrato de su renovación, que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

Ocurre que la confirmación de una permanencia no es lo único que separa a Chaparro de Lopera, del Betis, como no lo fue en su día la continuidad de Serra. El único obstáculo es la corriente elogiosa que rodea a este trianero mágico y archisabido es que los piropos son los peligros mayores que pueden acechar a cualquier cortesano de la corte loperiana. Tras la fiesta del sábado con remontada épica y memorable sobre el Barça y viendo cómo los béticos festejaban a técnico y futbolistas olvidándose del palco, que ya es olvidarse, puede que hasta se estén cuestionando, los del palco, renovar a Edu, incluso a Edu. Y es que, en el Betis, hay piropos que matan.

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