La ventana

Luis Carlos Peris

Al pelo lo de cuán gritan esos malditos...

ESTÁ claro que el personal no tiene un pase y que cuando no es por la dramática situación que atravesamos, la ola de sectarismo que nos invade hace acto de presencia y se va todo a hacer muchas puñetas. El ejemplo más reciente se produjo la otra noche en Fibes durante el recital de Julio Iglesias. Sabido es que al más universal de nuestros cantantes se le ha encasillado y no hay quien pueda ya sacarle de un lugar de privilegio en la derecha más rancia, por lo que los de la otra acera lo miran con mucha reticencia y una barbaridad de desconfianza. Y el hombre tuvo la ocurrencia de desear una Andalucía que no es precisamente la que disfrutamos y ahí se formó el lío y, aunque no es un cualquiera, le pegaron el parón para conminarle desde butacas y de forma desabrida que no se saliese del guión para limitarse a cantar. Mientras, la mayoría silenciosa iba a lo suyo, a callar; y viene al pelo lo de cuán gritan esos malditos...

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