Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

La pena

EN La ventana de la Ser reflexionaban este viernes sobre el triunfo con sufrimiento a raíz de lo conseguido por el Atlético de Madrid, equipo que ha concitado las simpatías unánimes (pese a tener una hinchada algo ingrata) tras las frustraciones de Madrid y Barcelona. Uno de los contertulios dio en la tecla aludiendo a una expresión básica de nuestro idioma: "Lo que merece la pena". Las cosas que no merecen la pena (el empeño o, románticamente, el pesar), no nos deberían distraer. Lo fácil, que es amodorrarse, no hacer nada, mirar a otro lado, ser quejica o dedicar minutos a personas o cosas que no nos interesan, suele ser lo que no merece la pena. Por eso incluso la buena televisión merece la pena dedicándole tiempo de nuestro ocio.

En la noches coaching de Cuatro arrancaba ese mismo viernes un programa educador de perros, Mala pulgas. Un birrioso chihuahua era capaz de tener aterrados a sus dueños, porque hasta la llegada del encantador, un tal Borja Carpponi, nadie la había plantado cara al irritado bicho. Con unos minutos de correcciones y lenguaje corporal se domó a la fiera. Sin embargo, con Belén Esteban llevan ya más de dos meses inculcándole algo de sacrificio y disciplina en Más que baile y este rottweiler televisivo es incapaz de aceptar sus limitaciones y flojeras. El miércoles obsequió a la concurrencia con protestas y morros dedicados a los pacientes profesionales que forman el jurado. Boris, como el amigo de las cervezas de El show de Truman, adiestrado en los límites del espectáculo, tuvo que sofocar el incendio que estaba a punto de abrasar el plató. Belén, una burbuja que no sabemos cuándo estallará, está encantada con liderar las causas de quienes no saben valorar las cosas que merecen la pena. El público la seguirá salvando y su canal está entusiasmado con su mal ejemplo.

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