Fragmentos

Juan Ruesga / Navarro

El péndulo

DURANTE años la actividad cultural en España ha sido cosa de dos: Madrid y Barcelona. Nada pasaba o al menos eso parecía, fuera de esas dos ciudades y quizás en parte era verdad. La ley del péndulo hacía que una u otra, fueran las únicas protagonistas de las temporadas teatrales y musicales, los premios literarios y otras manifestaciones. La vida cultural se concentraba en las dos ciudades y el resto de España eran "las provincias". Poco más que un mercado donde probar y vender sus productos.

El Estado de las Autonomías, a veces tan criticado, ha acercado los centros de decisión y más en materia de cultura, donde se han transferido a las Comunidades Autónomas la práctica totalidad de las competencias en esta materia. Cataluña y Madrid siguen marcando las directrices aún hoy, pero ya no están solas. A veces se observan signos de que no les gusta que otras ciudades y territorios tomen protagonismo. En este marco, Andalucía empieza a mostrarse como una comunidad con el suficiente potencial, tanto en sus creadores como en sus ciudades, infraestructuras e iniciativas culturales, para constituirse en plataforma preferente para acoger certámenes, empresas e iniciativas del sector cultural con la opción de su proyección en todo el territorio español y más allá, en otras latitudes.

Las rebajas presupuestarias de 2010 en el Ministerio de Cultura, son drásticas y ponen en evidencia dónde están las prioridades. Pero no serán decisivas si los presupuestos autonómicos andaluces y municipales en materia de apoyo a la actividad cultural mantienen sus porcentajes. No hablo de subvenciones sino de capacidad de apoyo del sector público al creciente sector cultural andaluz, que reivindica su papel como factor de desarrollo por sí mismo, con la creación de empleo y riqueza a través de numerosas pequeñas y medianas empresas culturales y como apoyo a un nuevo turismo.

Además de consolidar el sector cultural, nuestro objetivo debe ser que el péndulo de la hegemonía cultural llegue hasta Andalucía en sus oscilaciones. Ninguna ciudad andaluza por sí misma tiene esa capacidad, pero utilizando las líneas AVE como factor de proximidad, podemos definir un fuerte triángulo Córdoba-Sevilla-Málaga, que con la extensión a Cádiz, Granada y Huelva hasta el Algarve y la incorporación de las otras capitales y ciudades como Jerez de la Frontera y Antequera, constituir una masa crítica de primer orden en población, territorio, infraestructuras culturales e iniciativas, tanto en el sector privado como público. Este núcleo articulado puede equilibrar el potencial de otros centros como Madrid, Barcelona, Valencia, la tres capitales vascas, etc…, y permitir acoger festivales, eventos, circuitos, así como la acogida de empresas y proyectos, que encuentren entre nosotros las infraestructuras y los apoyos necesarios para su implantación y desarrollo. Convertirlo en realidad no es fácil pero es tarea de los andaluces. De los dirigentes regionales y municipales y del sector privado. En materia cultural tenemos que aprender a ser algo más que un conjunto de ciudades.

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