Plaza nueva

Luis Carlos Peris

¿Lo peor no llega nunca?

INQUIETA, pero que una barbaridad, ese eslogan tan de moda de que lo peor está por llegar. José María del Nido repite casi a diario a su gente que lo mejor está por llegar para todos los sevillistas y, sin embargo, al resto del país nos machacan con todo lo contrario, con que lo que está por llegar es mucho peor que lo que estamos soportando. Se fue al carajo la burbuja económica en que se había instalado el ladrillo y en un abrir y cerrar de ojos han pasado muchos del caviar a no tener ni para mortadela. Da la impresión de que aquí se ha vivido en el convencimiento de que los perros serían atados de por vida con longanizas y así pasa lo que está pasando. Pero si el problema fuese únicamente para los que, gracias al ladrillo, vivieron muy por encima de sus posibilidades estaríamos ante un drama menor, un problema capsulado y sin apenas posibilidades de metástasis, pero...

Sería un alivio que sólo los que se beneficiaron en aquellos tiempos de vacas lustrosas para promotores, constructores, demás parientes y afectos fuesen ahora los damnificados. Desgraciadamente no es así, no será así, y también los que se limitaban a contemplar con envidia cochina el derroche de ese personal que ahora se mesa los pelos van a correr con los perjuicios. Es más, seguro que tendrán más problemas de supervivencia que esa fauna, tipo Fernando Martín, que originó el problema. Fernando Martín, El Pocero de Seseña, tantos y tantos causantes del estropicio escaparán mucho mejor que los de a pie, que todos esos que siempre pierden porque, entre otras cosas, cuando los malandrines ganan ellos se limitan a perder menos de lo habitual. Esa es la única ventaja, no perder tanto como ahora van a perder y que no llegue el día en que se encuentren el banco como se lo encontraron los argentinos, cerrado y sin interlocutores válidos.

Lo peor de ese eslogan es que lo peor no termina de llegar. Llega, día a día, golpe agolpe, lo malo, cada día un poco peor, pero lo peor en sentido absoluto no termina de llegar y eso es motivo de duermevela, de interrupciones bruscas en el sueño de cada noche para que la pesadilla se reanude con el despertar de forma más virulenta que como era en sueños. El país se demuestra a diario que es una chapuza que no hay por dónde coger. ¿Qué se puede esperar de un país en el que surgen Afinsa, Fórum, Martinsa y tantas otras? Un país en el que un analfabeto es capaz de enladrillar La Mancha con toda impunidad. Bueno, con absoluta impunidad no, sino con el aplauso del respetable, de ese respetable que ahora ve estupefacto cómo el mes se hace fugaz para el que paga y eterno al que depende de una nómina para no tener que robar un banco, entre otras cosas porque el banco puede haber cerrado cuando él llegue.

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